Escala y ajuste por inflación: cómo tributar verdaderas ganancias

Ya han transcurrido tres meses del año 2016 y no hay noticias de cambios sobre dos aspectos trascendentales en la forma de calcular el Impuesto a las Ganancias. Entonces, ¿cómo debe tributarse?

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Es importante que las empresas hoy más que nunca tengan en cuenta que existen herramientas que ayudan a bajar los costos impositivos.

Es importante que las empresas hoy más que nunca tengan en cuenta que existen herramientas que ayudan a bajar los costos impositivos.

04deAbrilde2016a las10:41

Nos referimos a la modificación del artículo 90 de la Ley del Impuesto a las Ganancias, en cuanto a las escalas y los porcentajes para el cálculo de la determinación del impuesto a pagar – para empresas unipersonales y socios de sociedades de hecho o residuales –, y del restablecimiento de la aplicación del ajuste por inflación impositivo para cualquier tipo de empresas y sociedades.

Las pequeñas y medianas empresas, innumerable cantidad dispersas en distintas localidades de cada provincia de la República Argentina, son el motor de las economías regionales. Es decir, son miles de pequeños y medianos motores de la economía nacional. Generan puestos de trabajos, realizan inversiones en bienes de uso y realizan consumo.

Estas empresas o explotaciones que se dedican al comercio, a actividades agropecuarias, a prestar servicios, a la industria y a la construcción deben tributar el Impuesto a las Ganancias según la escala del artículo 90, sin actualización desde hace más de 15 años. Pero la realidad es que si bien se aplica la tasa progresiva, hoy están tributando a la escala mayor que es del 35%, como tasa única, de la ganancia neta anual obtenida. Es decir, en la actualidad una empresa regular (Sociedad Anónima, SRL) tributa por sus resultados el 35% y cualquier otra de las mencionadas en el primer párrafo (unipersonales o socio de SH), también.

Los motivos son básicamente dos: la falta de adecuación de la escala establecida en el artículo 90 de la Ley de impuesto a las ganancias y la suspensión de la posibilidad de aplicar el ajuste por inflación impositivo.

Si bien, los dos conceptos revisten suma importancia para las empresas, tal vez el de mayor distorsión y consecuentemente mayor daño monetario, es el primero.

¿Cómo tributa una Pyme hoy?

Hasta el 31 de diciembre de 2015 se considera Pyme a todas aquellas empresas que tengan los siguientes montos de facturación anual máximo:

  • Agropecuario:……………………………………………….…$82.000.000
  • Industria:……………………………………………………….$270.000.000
  • Comercio:…………………………………………………….…$343.000.000
  • Servicios:……………………………………………………….…$91.000.000
  • Construcción:………………………………………………….$134.000.000

Entonces, cualquiera de ellas que tuviera un margen de resultado neto antes de impuestos a las ganancias de tan sólo el 1%, debe necesariamente tributar el 35% de Impuesto a las Ganancias. Pero estos son topes máximos.

¿Qué sucede en las miles de empresas que facturan muy por debajo de esos montos anuales y que su rentabilidad neta es el 5%, 10% o 15% antes de impuesto a las ganancias?

También deben tributar el 35%, con lo cual queda poco y nada para que el titular o los titulares de las mismas retiren las utilidades que se generan, para poder realizar los gastos necesarios para el sustento cotidiano personal. Se hace muy difícil poder reinvertir.

Supongamos una Pyme que en el año 2015 facturó $10.000.000 y su rentabilidad anual (ya descontado las deducciones del artículo 23 de la Ley de Ganancias) es del 10% antes de Impuesto a las Ganancias. Por lo tanto la ganancia sobre la cual se calcula el tributo es de $1.000.000.

Al aplicar el impuesto, quedarán $650.000 en caja en el mejor de los casos (en el supuesto que estén cobradas las ventas y pagados los gastos e inversiones realizadas), ya que el impuesto se paga por el resultado devengado, es decir independientemente que los ingresos estén cobrados y los gastos pagados.

Con este monto anual, el empresario debe reinvertir en la actividad y en su vida privada. Este simple ejemplo, que en la realidad existe en muchas Pymes, demuestra que la falta de adecuación de la escala es necesario que ocurra para que las medianas empresas puedan generar consumo e inversión.

Hoy, aquellas empresas que estén obteniendo un resultado de $120.000 anuales, ya tributan el 35%. Entonces, si se considera por ejemplo Pyme a una empresa agropecuaria que factura hasta $82.000.000 anuales, no es justo que se grave con el 35% cuando ya supera el resultado $120.000 anuales, como es en la actualidad. Tal vez sí, para aquella que factura los $82 millones o más, pero no para todas las que están por debajo de ese tope.

¿Qué debe hacer el gobierno?

Sería entonces muy valioso que el gobierno encuentre la forma adecuada de modificar el cálculo del impuesto a las ganancias, respecto de los que tributan por la escala del artículo 90 mencionado anteriormente. Tal vez, algo medianamente sencillo sería una escala progresiva segmentada de acuerdo a montos de facturación y al tipo de actividad que realice la empresa.

El pensamiento recaudatorio de todos estos años (en el año 2000 fue la última vez que se modificaron los valores de la escala) es creer que se cumplirá la paradoja de Giffen. Esta indica que a medida que un bien o servicio aumenta de precio y los ingresos del consumidor se mantienen constantes, éste consume más de ese bien o servicio. Es decir, al no actualizar la escala desde el año 2000, obviamente a través de los años las empresas están tributando cada vez más porcentaje (ya hoy el 35%) y en la realidad lo que ha creado esta falta de actualización de las escalas, es que la morosidad en el pago del mencionado impuesto o la evasión de los contribuyentes, se viera incentivada con el correr de los años.

El gobierno deberá encontrar, entonces, el mecanismo para cumplir los distintos objetivos:

  • Menor presión impositiva a las empresas;
  • Mayor recaudación evitando la evasión.

El otro aspecto importantísimo en la determinación del impuesto, sería reactivar el artículo 94 y siguientes de la Ley de Impuesto a las ganancias, por el cual las mismas podrán aplicar el ajuste por inflación impositivo, es decir que se determinaría el resultado impositivo, considerando las variaciones en el poder adquisitivo de la moneda en el tiempo.

Este artículo no fue derogado, sino que se encuentra tácitamente derogado ya que por medio de la Ley 24073, los índices para el cálculo del ajuste por inflación, toman como límite máximo las variaciones operadas hasta el mes de marzo de 1992. Quiere decir que desde el 1º de abril de 1992 a la fecha, las empresas se encuentran tributando el impuesto a las ganancias por valores que contienen inflación. Por lo tanto, impuesto sobre bases “engrosadas” por efecto directo de la misma. Esto genera en muchos casos, licuación de capital.

Al aplicar el ajuste por inflación, es decir al deflacionar los resultados, los mismos tributarían sobre un parámetro más real y no tan ficticio como en la actualidad. Hoy en un país que tiene una inflación promedio del 25% a 30% anual, los montos que tributan las empresas, están teñidos de irrealidad.

Hay que tener presente que los resultados pueden estar aumentados por tenencia y por inflación. Al aplicar el ajuste inflacionario, solamente se tributará por la tenencia.

A modo de ejemplo

La empresa tiene un bien de cambio valuado en $100 al inicio del ejercicio y al cierre lo vende en $180, debido a que se produjo un cambio en el valor del bien (por aumentos de la cotización de la moneda extranjera, por eliminación de los derechos de exportación en algunos commodities o cualquier otra circunstancia que elevan el valor del bien). La inflación del año medida de acuerdo al IPIM (Índice de Precios Mayorista Interno) fue del 30% e impactó directamente sobre el precio de costo. Si bien habría que considerar más variables para determinar el verdadero ajuste por inflación, por cuestión de simplicidad, tomamos solamente el enunciado.

En la actualidad, la empresa pagaría impuesto a las ganancias del 35% sobre $80 (180-100). Si se aplicara el ajuste por inflación, el bien que se encontraba valuado a $100, al momento de la venta debería estar valuado a $130 (incrementado por la inflación). Entonces, la empresa al tributar el 35%, sólo lo haría por los $50 (180- 130) de utilidad (más cercano a lo real).

Conclusión

Mientras estos dos parámetros no se consideren y se siga calculando el impuesto a las ganancias como en la actualidad, las empresas seguirán empobreciéndose y el Estado recaudará cada vez menos.

Viendo el perjudicial panorama de la normativa actual, es importante que las empresas hoy más que nunca tengan en cuenta que existen herramientas que ayudan a bajar los costos impositivos. Una de ellas es la planificación fiscal la cual tiene como finalidad maximizar la inversión de los recursos del negocio, a través de la reducción y/o el diferimiento de la carga tributaria utilizando estrategias legales contempladas dentro del ordenamiento impositivo.

En conclusión, la planificación tributaria es una buena alternativa para utilizar en post de lidiar con la excesiva presión tributaria que sufren los contribuyentes en estas épocas.

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