A preparar la sembradora para una campaña que "pinta para ser inolvidable"

Hay que pensar en métodos para descompactar, reducir el efecto del huellado y mantener a raya las napas altas.

|
A preparar la sembradora para la campaña 2016/17.

A preparar la sembradora para la campaña 2016/17.

09deAgostode2016a las15:19

Por cuestiones económicas, productivas y climáticas, la campaña 2016/17 pinta para ser inolvidable. Es el año que propone el retorno del trigo y la confirmación del maíz, sumado a precios de soja que (al momento de escribir este artículo) están dejando la palidez con la que venían y se ponen a tiro. Después de una cosecha 2015/16 que está terminando bajo condiciones complicadas, sólo resta que acompañe el clima para soñar con un año auspicioso.

Para los contratistas, más allá del peso que representa la inflación y el aumento de costos de todo tipo (con el combustible como punta de lanza), la buena noticia es que la diversificación de cultivos significa también diversificación laboral y una agenda más equilibrada. La posibilidad de los productores de sembrar trigo, pero también maíz, diversificará las labores, lo que redundaría en una economía de la empresa de los contratistas más compensada.

Dicho esto, hay que ponerse a tono con una campaña en la que, en muchas zonas, se cosechó con excesos hídricos generando huellado y compactación. También hay que pensar bien cómo encarar lotes que tienen humedad superficial, subsuperficial o influencia de napa cerca que puede afectar incluso la siembra de cultivos de verano, mayormente a la soja.

“Es un año para, en estos lotes complicados de agua, sea superficial o por napa, apuntar al doble cultivo”, opinó en diálogo con Agrocontratistas el especialista del INTA, Roldán Guillermo Gerster. Para pensar cómo operar la próxima campaña, el ingeniero propone dividir los lotes en dos tipos: con presencia de napa alta y lotes sin presencia de napa.

“En general, los lotes con presencia de napa, sin pendiente, que sufrieron el temporal y fueron cosechados y pisoteados quedaron con un importante huellado de las cubiertas de cosechadoras, tolvas y tractores”, opinó Gerster. Estos lotes, presentan una doble problemática pensando en la próxima siembra: la huella y la compactación, por un lado, y la presencia de una napa alta que en algunos casos llega a la superficie. “Lo ideal es volcarse al doble cultivo para lograr un mayor consumo de agua y que descienda la napa”, dijo el ingeniero del INTA.

Según Gerster, se logran dos efectos. Por un lado, los cultivos de invierno, sobre todo las gramíneas como trigo, avena y cebada, “tienen una capacidad para recuperar los suelos porque crecen con un suelo en condiciones de humedad, son cultivos que se siembran con altas densidades, logrando un mayor frente de ataque en las zonas compactadas, favoreciendo la recuperación de la porosidad”. Habitualmente, las raíces de estos cultivos crecen en una época del año donde las lluvias son de muy baja intensidad, que son las que el suelo puede absorber cuando está compactado.