La vida rural, detrás de la óptica de una fotógrafa santafesina

El relato de una fotógrafa reconquistense que trabajó en la cosecha de algodón y ahora se consagra en el exterior por sus retratos sobre la vida rural que plasman su propia historia.

Por |
Atardecer en el campo. Plaza Matilde. Agosto de 2014.

Atardecer en el campo. Plaza Matilde. Agosto de 2014.

15deNoviembrede2017a las09:24

María Zorzón nació en el campo de la colonia de Reconquista, más precisamente a 20 km en el Paraje Las Amintas (Santa Fe, Argentina): “Crecí hasta los 20 años en el campo y viví en diferentes lugares por el trabajo de mis padres. Iba a la escuela rural caminando, soy mayor de una familia numerosa con ocho hermanos, alimentaba los animales, hacía la huerta, ordeñaba las vacas, todas las actividades que se hacían habitualmente”, relata la fotógrafa.

En su labor campesina, María expresa: “Nos fuimos a vivir a Villa Minetti donde teníamos un tambo, hasta que en el año ‘74 nos tuvimos que mudar por una inundación muy grande, y nos volvimos al noreste de Reconquista donde trabajaba en la cosecha del algodón. Luego con mis hermanas fuimos a trabajar de empleadas domésticas a la ciudad”. En su opinión ese pasaje “fue complejo y difícil porque pasas de una cultura a otra sin estar formada para tal y además en una situación de trabajo menos calificado”.

Sin embargo -prosigue- “también sabía coser entonces pasé a ser modista porque trabajaba de día y estudiaba de noche. Hice la escuela secundaria para adultos y luego conocí a un ingeniero agrónomo que fue a trabajar a Reconquista, que se convirtió en mi marido”.

Con 20 años, emigró a Buenos Aires junto a él, con una valija repleta de ilusiones. Una de ellas era ser psicóloga pero si bien concurrió a una universidad gratuita, el hecho de no tener recursos extras para autoabastecerse hizo que se frustrara. Entonces decidió tomar clases de diseño y estudiar artes visuales con Alicia Silman.

Zorzón recuerda “en el año ‘92 mi marido se ganó una beca para hacer un doctorado en Estados Unidos y nos fuimos con la meta de que no quería solo trabajar para vivir. Primero tuve que estudiar inglés, luego tomé un curso de fotografía en Louisiana State University, también hice ropa y dicté seminarios organizados por la carrera de Diseño de Indumentaria, que posibilitó abonar mis estudios”.

La Familia Rural

Cabe destacar que este contexto explica el trasfondo de su trabajo más reciente sobre el territorio santafesino, Familia rural, el libro electrónico que representa, con orgullo, su pasaje a la fotografía digital. Aunque reconoce “mi desarrollo de la fotografía fue gracias a la Escuela de Arte de Louisiana, ya que me brindaron opciones para que yo realicé mi carrera de artes visuales especializada en fotografía”.

En cuanto a su elección de retratar al campo, María fundamenta “fotografío por una necesidad de transitar este territorio, no tanto porque me sienta apegada a él sino porque encuentro en la cultura campesina los cimientos para la construcción de la persona que soy”.

En Estados Unidos, rememora “el primer trabajo que hice fue mi tesis que se llama Naked Portrait, sobre el retrato desnudo, ya venía de trabajar con el cuerpo para vestirlo. Por otro lado, estudiando aprendí sobre un proyecto que se hizo en la década del 30 muy importante sobre la Farmer Security Administration, obra social agropecuaria, cuando el presidente Rooselvelt organizó un grupo de fotógrafos para que registren el alcance de la crisis en la vida rural, y cada vez que veía fotos de eso sentía que estaba mi historia”.

Así describe el puntapié “para decidir que si volvía a Reconquista iba a fotografiar a los campesinos en el lugar donde nací. La idea es transmitir una forma de vida y cultura que no tiene visibilidad frecuentemente. La vida de la gente que no tiene valor para el espectáculo, si lo tiene para la sociedad. Me interesa transmitir la cultura campesina, ya que vivimos en una sociedad muy rica, y que está bueno salirse de la situación cómoda para crear. Hay una sensación de que eso no es para uno”

En una performance que realiza denominada Pan al Pan, expresa su lema que es que todos tenemos en nuestras manos las posibilidades de acción “poder transmitir esa posibilidad, no dejarnos convencer que no se puede, que hay que esperar de los demás del gobierno o de algo que no se qué es”.

Enmarcando al campo

Los dos tópicos importantes en su trabajo fotográfico son la vida rural y el cuerpo humano “es lo que más me conmueve y me interesa”.

Respecto del encuadre que le otorga a lo que fotografía, es el interés de la profesional “transmitir no de una manera pictórica sino comprensiva, no solamente cuando al campo le va bien sino cuando también le va mal. Por un lado, hay cuestiones que no se ven, por ejemplo cuando una cosecha no funciona hay todo un año de trabajo que se pierde. Por otro lado, una de las mayores riquezas que produce el país es la agricultura. Entonces me interesa transmitir la genuinidad de la vida campesina, y como se achicó la diferencia entre lo urbano y lo rural” que se hace explícito en el libro Familia Rural.

Asimismo marca una diferencia con un trabajo anterior configurado 15 años atrás que se denomina Nosotros los gringos, el cual abarca las colonias de Reconquista y Avellaneda; “en cambio, Familia Rural lo pensé a nivel región. La provincia de Santa Fe abarca una región de llanura muy extensa, que va desde la pampa gringa hasta el sur de la región chaqueña, con un sur y norte muy diferentes, el paisaje y la vida de la gente a lo largo del territorio es muy diverso”.

Su forma de fotografiar es con previa autorización, generando contactos, a través del boca en boca “que la gente pueda participar de mi proyecto y me permita estar con ellos, estar en su casa, levantarme y vivir con ellos. Tiene una forma etnográfica con un resultado más visual ya que lo que más me interesa son las historias de las personas. Es a través de una historia que me intereso por lo que está haciendo la persona”.

La autora cuenta “me baso mucho en una forma de historia que creó el italiano Carlo Ginzburg, al hablar de un pequeño molinero, hablo de una región, una época, una cultura, y me interesa mucho ese punto de vista para trabajar. Al ir conociendo las personas me encuentro con situaciones que viví, me puedo poner a la par porque soy una persona como las que fotografío. Lo que más me sorprende es lo que pasa con la fotografía cuando es publicada”.

Es la tercera vez que participa con Familia Rural en distintos trabajos en Italia y hace unas semanas “un colega me hizo una de las devoluciones más impactantes de mi trabajo, él sentía que yo estaba dentro de la foto, como que me fotografío a mi misma a través de las fotos que saco”.

“A veces siento que en nuestro país no hay mucho interés por la fotografía documental, pero agradezco al Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe por su apoyo económico y que a través de Espacio Santafesino Ediciones me dió la oportunidad de concretar mi traabjo en forma de un libro digistal que se encuentra publicado en forma gratuita en su página web”, expresó. 

Mujeres campesinas

La condición femenina es otro elemento preponderante que atraviesa sus trabajos. Actualmente, María Zorzón participa con una foto de Nosotros los gringos sobre la cosecha de algodón, de una muestra de fotografías en Italia que consiste en 150 fotografías, en 150 años y con 150 fotógrafas que admira.

Al ser consultada sobre el rol de las mujeres en el campo, la entrevistada agrega “están participando más de la tarea rural, conocí chicas, que no son la mayoría, que se ponen a la par del hombre y que abren camino para nuevos desarrollos. Por otro lado, hay mujeres muy solas que se hacen cargo de ser amas de casa y trabajar afuera, y a eso se suma un problema muy grande de machismo muy fuerte, que siempre hubo. Hay cada vez menos gente que vive en el campo, vive más en el pueblo, el cambio entre lo urbano y lo rural con el enorme desarrollo tecnológico es cada vez más pequeño. Cada elección significa una renuncia”.

Temas en esta nota

Seguí leyendo