Peleas y chistes en Liniers: la cultura detrás del histórico mercado que hoy cierra sus puertas

El hijo de un inmigrante catalán que comenzó a trabajar en Liniers en 1943 cuenta la cultura que simboliza el histórico mercado

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Peleas y chistes en Liniers: la cultura detrás del histórico mercado que hoy cierra sus puertas
13deMayode2022a las08:25

Mientras el Mercado de Hacienda de Liniers concreta su mudanza a la localidad de Cañuelas, Agrofy News habló con una de las personas que conoce el lugar como pocos. “Tengo toda una vida en el Mercado”, confiesa Carlos Pujol, que comenzó a recorrer los corrales y los galpones cuando apenas tenía 5 años, en 1956.

Despedida de Liniers

El mercado de Liniers funcionó durante más de 120 años en el mismo lugar. Ahora, desde el martes, el Mercado Agroganadero (MAG) de Cañuelas, pasará a ser la referencia de precios para la hacienda. Muchos de los trabajadores continuarán sus labores allí, pero la esencia del Mercado de Liniers tal vez sea algo difícil de imitar.

El padre de Carlos, un inmigrante catalán, comenzó a trabajar en el año 1943 en el Mercado, y en el 57 fundó la consignataria Benito Pujol y Cia, que hoy dirige Carlos. El trabajo en el Mercado suele transmitirse de generación en generación y es un ambiente bastante familiar. “El capataz de mi empresa está desde hace 50 años con nosotros y trabaja también su hijo y dos de sus nietos”, sostiene.

Carlos rememora que pasaba los fines de semana y las vacaciones de invierno y verano en el Mercado. “Con mi hermano veníamos a pasear, para nosotros era un juego. Así toda mi vida, criado dentro del Mercado de Liniers”, explica.

Si bien la esencia se mantiene, algunas cosas cambiaron. “Conviví en la época de los guapos, pero ahora ya no es tan así. He visto peleas entre gauchos, discusiones por trabajo y bromas pesadas”, ejemplifica Carlos. Y finalmente lanza: “Era un ambiente en el que había que saberse manejar”.

Carlos recuerda los rebencazos que se pegaban entre algunos al grito de: “Me sacaste la hacienda”. O las peleas que había entre los changadores y el personal de los frigoríficos por cómo se hacían las descargas en el mercado de Liniers. “Era fundamentalmente por cosas de trabajo y el enojo superaba las palabras”.

Sin embargo, insiste en el respeto que se vivía en el Mercado. “Mi padre, por ejemplo, por su forma de rematar, imponía respeto. Era una autoridad sobre el tema, no hacía ofertas irrazonables. Otras casas también tenían el mismo modismo. Yo, por ejemplo, soy rematador también, pero estoy lejos de tener esa autoridad”. También detalla cuando en los remates iban los colegas “alcahuetes” a chusmear los precios. A su hermano le llegaron a  decir: “A ver mocito, por qué no te vas de acá, que me estás robando los compradores”, e incluso su padre también echó: “A ver los alcahuetes, que dejen trabajar”, decía.

La esencia del Mercado de Liniers

“El Mercado de Liniers es un mundo aparte y a la vez, es una síntesis del país”, reflexiona Carlos, quien insiste en la armonía en la que se vive ahí adentro.“Convivimos trabajadores de distintos barrios, desde Recoleta hasta Ciudad Oculta y gente de barrios bonaerenses muy humildes. Cada uno realiza su tarea”.

Carlos cuenta que desde que abre el mercado hasta que se cierra, todos se saludan. “Nos conocemos entre todos, ahí somos todos iguales, pero cuando cruzamos la barrera del Mercado, cada uno de nosotros es distinto. Ahí adentro tenemos una forma de diálogo y hasta nos enojamos. Pero afuera, por ejemplo, no te ponés a dialogar de esa manera con alguien que vive en un barrio humilde”, relata Carlos, quien asegura que todas las mañanas y tardes, las ruedas de mate están a la orden del día.

“Siempre hay alguna frase de humor hacia el otro”, enfatiza. Diariamente los trabajadores, desde peones hasta rematadores, se hacen bromas entre ellos. Carlos recuerda cuando hace un tiempo vendedor de hacienda comentó en el Mercado que había comprado y pagado un auto 0 km, pero que le demoraban la entrega. Al día siguiente recibió una llamada en su oficina de la supuesta concesionaria comunicando que podía pasar retirar el auto, pero era mentira. “A partir de allí todo el que pasaba por su casilla le preguntaba algo sobre el auto provocando la reacción del hombre”, completa Carlos.

En el Mercado de Liniers se pasa de un momento de tensión, por las ventas, a la relajación con los chistes. Y esa tradición se mantuvo a lo largo de los años a pesar de los cambios. “Muchos de los que vinieron a trabajar son del campo y se mezclaron con los urbanos, entonces se formó una cultura, y esa mezcla se mantiene”, indica.

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