Tendencias y posverdad: “Mi hija de 11 años no come carne por Ariana Grande”

María Semmartin, directora de la carrera de Ciencias Ambientales de la FAUBA, analiza la falsa antinomia que existe entre agricultura y producción sostenible. “Hay que ampliar la mirada y hablar el mismo idioma”

06deMayode2021a las12:44

“Los ciudadanos están cada vez más preocupados e involucrados en temas ambientales y nosotros tenemos que salir a contar lo que hacemos”, así comenzó explicando la Dr. María Semmartin, directora de la carrera de Ciencias Ambientales de la FAUBA, quien recientemente participó de la jornada Producción y Ambiente, organizada por CREA.

Semmartin, quien además es ingeniera agrónoma, explicó durante su charla dirigida a docentes de todo el país, que “los problemas ambientales son un vehículo ideal para los debates" y agregó: "Si hay algo que podemos hacer es ampliar la mirada”. 

Ambientales vs Agronomía, una falsa dicotomía

En diálogo exclusivo con Agrofy News, Semmartin contó su experiencia de ser directora de una carrera que tiene la particularidad de estar dentro de la Facultad de Agronomía, la cual además es de “las más urbanas que tiene el país dentro de las universidades públicas”.

“La razón por la cual está ahí tiene que ver gran parte en que una proporción muy grande de nuestros problemas ambientales tiene que ver con el cambio en el uso de la tierra y los impactos que eso genera por la actividad agropecuaria, por la producción de alimentos, energía”, explicó la directora.

La carrera se inició en 2003 y fue creciendo lentamente, hasta hace un par de años cuando de golpe dio un salto exponencial debido al gran interés en temas ambientales. “Somos la Licenciatura pública que por lejos más graduados ha generado, ya tenemos más de 600”, contó orgullosa.

Y agregó: “Está orientada a estudiar y darles herramientas a futuros profesionales para anticiparse y diseñar terapias de restauración de sistemas que por la actividad agropecuaria muchas veces impactan negativamente en el ambiente”.

Otra particularidad de la carrera es su matrícula: la mayoría de estudiantes son urbanos, al contrario de Agronomía que son del interior. “Los estudiantes vienen con preocupaciones en temas ambientales que son hasta lejanos a ellos, como la pérdida de biodiversidad, y temas que ven en el día a día como el riachuelo contaminado, las fábricas que emiten gases”, contó Semmartin.

De prejuicios y verdades 

Una de las preguntas que surgió en la entrevista es qué opinan los ambientólogos de los agrónomos y viceversa. La directora explicó que al inicio, todos los que ingresan a estudiar Ambientales tienen muchos preconceptos que luego van deconstruyendo durante la carrera: “Creo que los estudiantes de Ambientales durante su trayecto hacen una evolución enorme de su pensamiento. Cuando ingresan, lo hacen con muchos prejuicios respecto a cualquier actividad económica, incluyendo la Agronomía”.

Al respecto, Semmartín, desde su lugar como profesora de la cátedra de Ecología que comparten ambas carreras, resaltó que todas las Facultades de Agronomía del país tienen una tradición de haberse preocupado por la conservación de recursos naturales: “Todas las iniciativas de preservación de suelos, de la biodiversidad han estado desde siempre”. 

Cursar en la misma Facultad, compartir materias ayudó a cambiar esos conceptos que tenían una de la otra: “Si bien no creo que todos por igual abracen el modelo de producir alimentos en Argentina, me parece que terminan entendiendo más la complejidad. Logran arremangarse, meterse bien en el sistema, escuchar lo que piensa un técnico, un productor. Trabajan codo a codo y muchos estudiantes de Ambientales luego trabajan su tesis en temas agronómicos”. 

Hablar el mismo idioma

Ahora la cuestión es, cómo en medio de tantos debates ambientales, como el de “lunes sin carne”, se puede encontrar un punto de unión entre ambos enfoques. Sobre este tema, Semmartín explicó: “Cada vez hay más disponibilidad de información y entonces un prejuicio acerca de aplicación de agroquímicos, por ejemplo, que antes pasaba en una comunidad rural, ahora repercute en todos lados, antes nadie se enteraba. Hay una sociedad muy sensible a esos temas”.

Da un ejemplo con el tema del veganismo: “Si hiciéramos una encuesta entre estudiantes de Agronomía y de Ambientales sobre cómo es su dieta, sería muy diferente. En Ambientales hay muchos veganos, que se transformaron durante la carrera. Agronomía todo lo contrario. Yo tengo una hija de 11 años que me rechaza la carne en casa. Su pediatra me dice que tiene que comer proteína animal y de golpe es Ariana Grande la que la influye en su decisión”. 

“Me parece que lo que estamos viendo en el agro, una cosa que nos puede ayudar encararlo, entender que pasa en casi todas las disciplinas, por ejemplo, con el movimiento antivacuna. Hay que empezar a pensar la mejor manera de tender puentes para que todos estemos hablando el mismo idioma”, agregó.  

El ejemplo de la lechuga

¿Cómo tender ese puente? “Empezando a contar”, así expresó la directora. “Hay que dar a conocer la variedad de tecnologías que existen, los cultivos de servicio, que son cosas que no tiene por qué saber un ciudadano común. Lo mejor que nos puede pasar es que los ciudadanos estén preocupados e involucrados en estos temas y nosotros tenemos que salir a contar y a dialogar”.

La agrónoma expresó que ve una oportunidad para lograr conectar la sociedad con el agro: “Pienso que todas esas tendencias de agricultura urbana, periurbana, de huertas comunitarias, familiares que ocurre en las ciudades y en los segmentos de más influencia, clase media alta, son en algún punto la puerta para tender puentes con el agro. Si nunca cultivaste una lechuga en la maceta de tu casa es difícil que percibas que en algún momento se te llenó de ácaros y algo tenés que hacer con eso”.

Por último, la directora expresó:Hay que mostrar lo que es la lógica de un productor, cómo trabaja, bajo qué condiciones. Generalmente las posiciones que son más fundamentalistas que suelen hacer simplificaciones de la realidad, son las que tienen más posverdad, distorsión por una creencia, de valores, que es visceral y que no está basada en datos o evidencia”.

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