El país en el que ganar está mal visto

El problema es que en nuestro país el que trabaja, produce y gana tiene que pedir perdón. Por Eleonora Cole

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23deJuliode2021a las06:30

No ganes, está mal. No triunfes, está mal. No progreses, está mal. El mérito se vuelve a discutir en el país del no me acuerdo. Esta semana se volvió a poner en discusión la rentabilidad del campo. “Una reveladora investigación“ del economista Alfredo Zaiat, según la vicepresidenta Cristina Kirchner. “El margen bruto es el más elevado de los últimos veinte años. Se explica por precios internacionales en alza, devaluación de la moneda, costos internos en dólares atrasados y retenciones bajas. Resistencia a un gobierno que facilitó ese resultado positivo”, dice el artículo, titulado “Las fabulosas ganancias con maíz, soja y girasol en la Provincia de Buenos Aires. Investigación exclusiva. La mejor cosecha del siglo”. Sí, dice eso. Te juro.  

Muchos productores y referentes del sector salieron a responderle y a explicarle que no es lo mismo un margen bruto que un margen neto. Que hay que descontar impuestos nacionales, provisionales y municipales. Que hay que tener en cuenta muchas variables para determinar la ganancia de un productor. Además del clima, los cambios en las reglas del juego, el desdoblamiento cambiario y las dificultades para importar. La Argentina, bah.

Pero todo eso ya se lo explicaron. El problema es que en nuestro país el que trabaja, produce y gana tiene que pedir perdón. Tiene que salir a dar explicaciones.  Porque ganar, está mal. ¿Para que trabajamos entonces? ¿Por amor al arte? ¿Para hacer patria? 

En la Argentina de la culpa tenemos sobrados ejemplos de esto. El más cercano es el “culpable“ que decidió irse al exterior. El que pudo viajar a darse la vacuna en otro país, a visitar un familiar o a hacer lo que se le dio la gana tuvo que dar explicaciones. “Nosotros veníamos ahorrando hace años para este viaje“. “Vine a acompañar a mi madre porque no le llegaba la vacuna”. “Teníamos este viaje organizado y postergado desde 2020”. Y así escuchamos a miles de argentinos excusándose por haber viajado con su plata, fruto de su trabajo y esfuerzo. Fueron señalados y muchos de ellos todavía no pueden volver. O lo que es peor, tuvieron que acudir a un juez y con una orden judicial, bajo el argumento de que necesitan medicamentos, pudieron volver a su país. Porque poder, está mal.

Según la Real Academia Española (RAE) la meritocracia es el “Sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales”. En el ámbito social y productivo podrían ser los logros que obtiene una persona fruto de su trabajo y esfuerzo. Varios analistas de la historia coinciden en que esta idea fue fundamental en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. La idea del mérito ayudó a millones que confiaron que fruto de su esfuerzo podrían progresar. 

¿Podemos discutir la igualdad de oportunidades? Sí, claro. Si la vida fuera una carrera sería justo que todos salgamos de la misma línea de largada. Para eso sí tiene que haber un Estado presente. Y es ahí en donde el Gobierno es responsable de brindarlas. No son meros observadores de la realidad. No son comentaristas de una nota periodística. Son los responsables de hacer que la línea de largada sea lo más pareja posible para todos. La culpa no es del que trabaja y le va bien. 

Cristina concluye que Zaiat llegó a una “conclusión imperdible” cuando afirmó que “a esos actores económicos les resulta insoportable para sus almas bellas que los mejores años del negocio en el campo coincidan con gobiernos que ellos detestan.”  Dejamos para una próxima nota el análisis sobre el sesgo ideológico. Por ahora con la culpa nos alcanza y sobra. ¡Ah no, pará! No puede sobrar. Porque en la Argentina, eso está mal. 

Algún día vamos a dejar de dar explicaciones obvias. 

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