El "negocio de estrés enfermo y locura" del hijo de Lita de Lazzari que quiere ser diputado

Como economista, considera que el país está atravesando la peor crisis de su historia y que la actual es “10 veces peor que la de 2001”

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Foto: La Nación, Diego Spivacow/AFV

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27deOctubrede2021a las08:13

“Cuando la crisis es inflacionaria, como la actual, lo que no podés hacer es dormir ni pestañear”, advierte Gustavo Lazzari (55), quien está al frente del frigorífico familiar Cárdenas, ubicado en Mataderos. El emprendedor, que es hijo de Ángela María Palermo de Lazzari, más conocida como “Lita de Lazzari”, tiene una visión liberal de la vida y una fuerte vocación política.

En las últimas elecciones primarias, compitió en la interna de Juntos por el Cambio, acompañando la lista de diputados nacionales por la Ciudad de Buenos Aires, que fue liderada por Ricardo López Murphy. Para las generales, Gustavo está en el puesto número 12. “No quedé en una posición entrable, pero logré el objetivo que era que López Murphy fuera diputado”. Su interés por la política viene desde hace tiempo, cuando comenzó a militar en la juventud del partido liberal UCeDé (Unión del Centro Democrático).

Mercado interno y el impacto de la pandemia

La pyme familiar fue fundada en 1964 por su padre, en donde era la casa de infancia de Gustavo. “Ahora estoy en el cuarto matrimonial de mis viejos”, compara divertido el empresario, que en 1995 ingresó a trabajar al frigorífico y desde hace 15 años que lo dirige.

Luego de un proceso de reorientación, hace dos años decidieron producir menos a mejores marcas. Pasaron de 130 toneladas al mes, a producir 80 en la actualidad. “Cambiamos el mercado de objetivos. Cuando querés hacer más kilos, tenés que ir a productos baratos y necesitás economía de escala para hacerlo, y yo no tengo esa capacidad de producción. Me conviene más el producto de nicho”, sostiene. La fábrica está orientada a los fiambres y chacinados. “Procesamos carne de cerdo. No mezclamos con otros animales”, aclara.

La empresa, que emplea a 30 trabajadores, está orientada a abastecer el mercado interno.  

Sobre el último año y medio, critica: “La administración económica de la pandemia fue una bomba atómica que nos forzó a achicar y perdimos un montón de guita. Cerraron muchos restaurantes y buena parte de mi clientela es la gastronomía. Se rompió la cadena de pagos… para que te des una idea, estoy cobrando cheques que son previos a la pandemia”.

Las oportunidades en las crisis

Gustavo aprovecha y describe cómo es parte de su labor en plena crisis económica: “Estoy minuto a minuto viendo a quién vendemos, qué producto, a qué precio y si actualizo la lista. Es un estrés que es a prueba de arterias, pero es la única forma de poder sostenerse”.

Si bien admite que su pyme está en crisis, está seguro de que va a poder salir. “Depende de la sombra y del grado de atención que le pongamos”. Aunque como economista considera que el país está atravesando la peor crisis de su historia y que la actual es “10 veces peor que la de 2001”, como empresario opina que “las fábricas se acomodan” y más si se trata de una de alimentos.

En este sentido, señala que es en este tipo de momentos en los que pueden presentarse buenos negocios. “No hay ganancia normal de producción o de trabajo habitual, pero cuando el río está revuelto hay oportunidades de compra-venta e inversión. Para eso, hay que tener liquidez y estar atento”, sintetiza y ejemplifica: “Es probable que un proveedor me diga que tiene buena mercadería barata y que yo la compre”. Para él, este tipo de desequilibrios son “la peor forma de progresar”.

“Lo mejor es ganar todos los días un poco de plata y tener buenas oportunidades. No es algo que suceda, pero es una posibilidad de que yo pueda ganar un buen margen en un negocio de estrés enfermo y locura”, completa.

Una visión holística de la economía

Al consultarle qué propone para el sector, Gustavo no lo duda: “La realidad es que este negocio tiene las generalidades de la ley. Lo que lo beneficiaría es lo mismo que al resto de los negocios. No me gustan las particularidades, porque no solo no funcionan, sino que la Argentina se estropea con una solución particular. Algo así mejora un sector, pero empeora otro. Soy partidario de soluciones generales que van desde el que atiende en una ventanita o un maxikiosco al resto de las empresas”. En este sentido, aclara: “Muchos piensan que las retenciones son una ayuda para nuestro sector, y lo son, pero estropean la economía y eso nos perjudica”. Bajo esta visión, el emprendedor propone desregular el mercado, bajar impuestos y aligerar el costo laboral no salarial.

“Hay que bajar la litigiosidad y planificarla para que los pasivos contingentes no sean tan gravosos. Fundamentalmente hay que bajar los mecanismos de recaudación. Uno de los problemas es cómo se recauda Ingresos Brutos, que es el archiejemplo del terror. Hay que eliminarlo definitivamente. Acá pasa que los trámites los hace otro y no los dueños de las fábricas. Es impresionante el tiempo y las oportunidades que te hacen perder”.

En el frigorífico, Gustavo tiene tres empleados administrativos de los cuales “uno se dedica exclusivamente a pedir permiso al Gobierno”. Para el empresario, muchos de esos trámites y certificaciones podrían ser más efectivos y eficientes si se evitaran o pasaran a ser declaraciones juradas. “Es un montón de tiempo y plata perdida”.

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