Arrancaron con US$ 6000 de su abuelo y llegaron a montar una fábrica para exportar: la historia de los hermanos "pochocleros"

Le agregaron valor al maíz pisingallo y crearon una marca que abastece a los principales cines y cadenas de supermercados del país

Arrancaron con US$ 6000 de su abuelo y llegaron a montar una fábrica para exportar: la historia de los hermanos "pochocleros"
12deJuliode2022a las17:10

Pochoclo, pororó, palomita, pururú, pipoca. Este snack, tan simple como nutritivo, es uno de los alimentos más populares del mundo. Pero detrás de este infaltable en las salas de cines, hay un agregado de valor a una cadena productiva: el maíz pisingallo.

Argentina es el principal exportador mundial de este grano, que es considerado una “especialidad”, con una producción de 250 mil toneladas, del cual el 90 % se exporta. 

Si bien el pochoclo no se come tan masivamente en nuestro país como las papas fritas u otros snacks, lo cierto es que es una alternativa rica y saludable, que va ganando terreno. Se los puede ver en dietéticas, almacenes, supermercados, bares y eventos que eligen esta opción que además es apta para celíacos.

De maíz a pochoclo: cómo nació Biggys

Hace 17 años, los hermanos Camero, nacidos en Ramallo pero criados en Capital Federal, tuvieron una visión. Cuando terminaron la escuela se recibieron de técnicos en Electrónica y luego de pasar por algunos trabajos decidieron armar algo propio: “Teníamos 21 y 27 años, éramos pibes de barrio con el sueño de la casa propia. Pero trabajando de empleado no lo íbamos a lograr, tampoco queríamos irnos a vivir al exterior. Quisimos quedarnos y apostar por un emprendimiento propio”, contó Germán Camero, cofundador de Biggys Snacks.

Un amigo del hermano que tenía un campo en Marcos Juárez le ofreció vender maíz pisingallo a las cadenas de cine. Mientras vendía vio una oportunidad de negocio. En ese momento nadie en el país le agregaba valor a ese producto y se le ocurrió vender pochoclos listos para consumir no solo a cines sino video clubes: “Empezamos en bicicleta, buscando clientes, cuando sacamos la primera tanda de pochoclos íbamos con el auto de mi tío, un Golcito, video club por video club. En ese momento había 1800 en toda la Argentina. Creamos el concepto del cine en casa”.

Germán contó que al principio no fue nada fácil: “Entrábamos a producir 5 am, dormíamos la siesta sobre las bolsas de maíz y azúcar y después repartíamos hasta las 9 de la noche. Le llenamos la casa de olor a pochoclo a mi mamá durante meses hasta que un amigo nos prestó un lugar de 3x5 en un local de una galería cerrada, donde pusimos una bandeja metálica y una popera que le compramos al zoológico de Buenos Aires. La canjeamos por dos toneladas de maíz. Como éramos técnicos, las arreglamos nosotros, hicimos control de temperatura, le mejoramos la resistencia, la pulimos y la prendimos”

Así arrancaron, sin marketing, sin análisis de competencia, sin planificación, pero con un objetivo claro: hacer un pochoclo rico y que la gente los busque por la calidad del producto: “Estuvimos 6 meses probando recetas. Teníamos una familia amiga que eran fanáticos de los pochoclos así que eran nuestros testers. Compramos 10 mil cajitas de cartulina, una diseñadora amiga nos hizo el diseño”. 

Cómo eligieron el nombre de la marca es un dato curioso: “Biggys surge de mi primer trabajo en McDonalds. Antes no había computadora, entonces cuando estaba en la cocina gritaban ´me das un biggys´(un big mac). No estaba registrada la palabra. Hicimos un focus group en ICQ y les gustó. Yo había empezado a estudiar Economía en la Facultad y en la materia de Publicidad empecé a ver que las marcas debían ser cortas, de fácil recordación. El pochoclo es americano así que elegimos un nombre que fuera por ese lado”.

Una enorme ayuda de su abuelo

El emprendimiento crecía y los locales comenzaron a pedirles los papeles, al ser productos alimenticios. Ahí decidieron que había que “hacerlo en serio”: “Fuimos con nuestro abuelo, nos prestó 6 mil dólares y nos pusimos a armar la fábrica en Villa Crespo. Llegamos a producir 10 toneladas en un primer piso, de 140 metros cuadrados. Subíamos y bajábamos con bolsas de 25 kgs de maíz y de azúcar. Ahí estuvimos hasta el 2019”. 

El emprendimiento empezó a escalar y comenzaron a trabajar con Cinemark, Hoyts y Parque de la Costa. El lugar les quedó chico así que decidieron mudarse. “Juntamos todo el dinero que teníamos ahorrado y nos fuimos a una planta más grande, de 500 metros cuadrados. La diseñamos con un arquitecto y profesionales de calidad y bromatología para que sea limpia, linda y funcional. Nuestro objetivo era cuadruplicar la producción”, contó el cofundador.

Se mudaron en mayo de 2020, plena pandemia: “No resultó tan mal ya que como teníamos muy poco trabajo aprovechamos para ponerla a punto”.

Un pochoclo distinto

¿Cómo se produce el pochoclo? Germán lo explica sin dar tantos detalles: “El grano de maíz adentro tiene almidón, por temperatura estalla y se arma la roseta de maíz. Lo que hacemos nosotros es bañarla en caramelo y le damos un “sabor Biggys”, que es nuestro gran secreto”.

La empresa siempre fue mono producto, pero hace tiempo habilitaron nuevos sabores. “Hicimos uno con cheddar que no anduvo y lo discontinuamos. Tampoco el natural y el salado. Ahí nos dimos cuenta que teníamos que mirar más el paladar del argentino. Cambiamos el switch de “yo propongo” a “yo escucho”. A la gente le gustaba lo que hacíamos y lo que teníamos que hacer era hacerlo cada vez mejor”. 

Actualmente trabajan con un socio estratégico en Pergamino que les provee maíz pisingallo: “Nos fijamos mucho en cuestiones de calidad, trazabilidad, que sea apto para celíacos. Nos permiten tener materia prima todo el tiempo, con calidad de exportación. No importaba si éramos más caros, teníamos que tener el mejor producto. El que compraba nuestra bolsa no podía encontrarse con maíz sin explotar, producto quemado”. 

El cofundador contó que la idea es abarcar todos los ámbitos del pochoclo: “Trabajamos con almacenes, dietéticas. Estamos buscando la distribución en supermercados, kioscos. Queremos poder vender el pisingallo fraccionado, el pochoclo para microondas. Por suerte nuestro producto es barato y más sano que las papas fritas, apto para celíacos. Estamos viendo alternativas de endulzantes no tradicionales para poder hacer esa transformación que está viviendo el mundo”. 

Luego del negocio de videoclubes, Biggys se había enfocado en escuelas, pero se encontraron con el riesgo de que prohibieran el consumo de azúcar y decidieron cambiar el foco: “Ya empezamos a pensar con una visión a largo plazo y ese momento llegó ahora con la Ley de Etiquetado. Ahí viene la parte de adaptabilidad, cómo hacemos para mantener nuestro canal, si hacemos productos específicos o no”.

Con respecto al consumo de azúcar, el emprendedor explicó que Arcor está transmitiendo un mensaje que apunta más a reducir el tamaño de la porción, en vez de instar a que se deje de consumir por completo: “Estamos acostumbrados a consumir productos con azúcar. Las transformaciones en los hábitos de consumo no se dan de un día para el otro, son imperceptibles y se dan en años. Hoy no podemos dejar de hacer pochoclos con azúcar porque todo el mercado las hace. Vamos a ir acompañando la tendencia tratando de ser punta de lanza con las innovaciones”.

5 países en 5 años

En 2011 se enteraron que Pepsico iba a traer pochoclo a Argentina y contrataron a un profesional que los orientó a acomodar su empresa y profesionalizarse. Luego Germán hizo un MBA y continuó dirigiendo la empresa: “Hace dos meses entró nuestro nuevo gerente comercial y estamos armando la estrategia de cobertura nacional”.

Biggys va creciendo con las limitaciones propias de un negocio que se autofinancia: “Nunca pedimos créditos, no tenemos inversores. Somos dueños del 100 % del negocio, pero no descartamos buscar rondas de inversión a futuro”.

Germán resaltó que la empresa cuenta con un producto homogéneo, crocante y rico que pasó las auditorías de Cinemark y Hoyts, están trabajando con cadenas como Cencosud y actualmente están en proyecto con empresas de primer nivel: “De México a Tierra del Fuego somos la empresa que más producción puede hacer de pochoclo listo para consumir en esta calidad homogénea”.

Respecto a la competencia, el emprendedor explicó que hay mucho en el mercado pero son emprendimientos chicos con poca escalabilidad: “En la provincia de Buenos Aires el 35% de los pochoclos es nuestro. Son números altos teniendo en cuenta la informalidad que hay. A nivel país, 1 de cada 10 es nuestro. Ahí tenemos una oportunidad de marca. Estamos cerrando 21 toneladas este mes, creemos que en julio van a ser 24 toneladas. Ahora vienen  las vacaciones de invierno y nosotros tenemos capacidad de hacer mucha cantidad de pochoclo de un día para el otro”.

En poco tiempo Biggys logró ser líder de su categoría en el mercado golpeándole las puertas a los negocios: “Hoy tenemos alrededor de 12 mil puntos de ventas. Es un producto que cuesta vender, no todo el mundo come pochoclos al igual que papas fritas. Tenemos que tener presencia”. 

Por último, Germán adelantó que su objetivo es hacer 5 países en 5 años: “Nos gusta hablar de una marca global, es súper ambicioso pero tampoco nos hubiésemos imaginado dónde íbamos a estar ahora hace 17 años. Como somos la única empresa de pochoclo listo para consumir que tiene la capacidad productiva y el desarrollo de procesos para llegar a todo el país, ahora estamos aprovechando ese capital, pero la idea es ir más allá”.

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