Recuperó una tradición silenciada por 60 años en el campo y montó un espacio único: un proyecto que nació para devolverle a Entre Ríos lo que una ley injusta de 1934 le arrebató
BordeRío nació en Entre Ríos con el objetivo de demostrar que la vitivinicultura podía desarrollarse fuera de las regiones tradicionales; a más de una década de su creación, la bodega combina producción, gastronomía y turismo en uno de los proyectos más singulares del país
Durante décadas, la vitivinicultura argentina estuvo asociada casi exclusivamente a Mendoza, San Juan o Salta. Sin embargo, en Victoria, Entre Ríos, una bodega decidió desafiar esa lógica y apostar por una región que había quedado fuera del mapa vitivinícola durante más de seis décadas.
BordeRío nació en 2014 con una premisa clara: demostrar que era posible elaborar vinos de calidad en el litoral argentino. Lo que comenzó como una apuesta productiva terminó convirtiéndose en un proyecto que integra viñedos, bodega, gastronomía y turismo, a poco más de una hora de Rosario.

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Detrás de esa iniciativa está Verónica Irazoqui, una empresaria proveniente del sector tecnológico, que encontró en la historia olvidada del vino entrerriano una oportunidad para recuperar una tradición productiva y construir una propuesta con identidad propia a orillas del Paraná.

De la tecnología al vino: una apuesta para recuperar una historia olvidada
Mucho antes de convertirse en la cara visible de una de las bodegas más reconocidas del litoral argentino, Irazoqui desarrolló su carrera en el mundo tecnológico. Formó parte de DonWeb, una empresa que creció en los años en que internet comenzaba a expandirse en el país y acumuló experiencia liderando equipos y proyectos innovadores.
Sin embargo, sentía que necesitaba un cambio. “Cuando me recibo y vuelvo full a trabajar a la empresa tecnológica, me faltaba algo. Me faltaba la naturaleza, la tierra, las raíces. Me faltaba eso que después descubrí que era esto”, recordó.
En esa búsqueda personal apareció una historia que desconocía por completo. A través de material difundido por el INTA tomó contacto con el pasado vitivinícola de Entre Ríos, una provincia que supo tener cerca de 5.000 hectáreas de viñedos antes de que la actividad desapareciera.

La posibilidad de recuperar parte de esa tradición la cautivó de inmediato. “Siempre amé el vino, pero como consumidora. Cuando conocí esta historia pensé: qué bueno sería volver a poner en el mapa de la vitivinicultura una región que se había perdido de una manera cruel e injusta”, señaló.
