Levantó un acopio a los 19, creó el lugar que elige Messi y destaca que invertir en el kirchnerismo era como "darle plata a un hijo para droga": Juan Félix Rossetti, el libertario que de una dura crisis salió más fuerte y apuesta al cambio de Milei

Tomó las riendas del negocio familiar y creó un "diamante" inmobiliario con raíces en el campo; con perfil libertario, asegura que Milei es una oportunidad histórica

29deJuliode2026a las09:52

A los 19 años sufrió la pérdida de su padre y se convirtió en emprendedor agropecuario e inmobiliario. Fue entonces cuando el empresario Juan Félix Rossetti tomó las riendas del negocio familiar y construyó una planta de silos en la localidad de Funes. 

Juan Félix Rossetti en La Huella

"Cuando falleció mi padre, yo tenía 19 años y creamos la planta de silos para acopio y acondicionamiento de cereales acá, en Funes", recordó el productor. En ese escenario nacional, relató que vender el cereal y cobrar el acondicionamiento a los 15 días resultaba el peor negocio posible debido a que la escalada inflacionaria desvalorizaba el dinero rápidamente.

Rossetti tiene su oficina en el establecimiento de silo que marcó su crecimiento. En ella exhibe con orgullo sus Funko Pop, mini Milei y Trump.

Un negocio le salió mal y estuvo cerca de perder todo, pero pudo recuperarse. Ahora es un referente agropecuario, trabaja más de de 2000 hectáreas y maneja 1000 madres bajo ciclo completo, llegando a tener hasta 2500 cabezas.

También transformó el antiguo casco de su estancia en el exclusivo Kentucky Club de Campo, barrio privado, en el que vive Lionel Messi cuando viene a la Argentina.

Se define libertario y banca a Milei. Cuestionó a los gobiernos kirchneristas y aseguró que ese modelo saqueó sistemáticamente la rentabilidad del sector hasta llevarlo a la situación actual. "Uno sentía que, si creaba riqueza, estaba alimentando al mismo sistema que después se la iba a quitar. Era como darle plata a un hijo para que compre droga", dijo para graficar la situación.

¿Te identificás como productor agropecuario o como desarrollador inmobiliario?

Mitad y mitad. Mi pasión siempre fue la parte agropecuaria, sobre todo la ganadera. La evolución económica vino de la mano de los desarrollos inmobiliarios. Nuestra empresa siempre se dedicó al negocio inmobiliario en la región de Rosario.

¿Se combinan bien ambas actividades?

Sí, muy bien. De hecho, hicimos el Kentucky Club de Campo. Transformamos el casco de lo que era nuestra estancia, acá en Funes, en un barrio privado. En nuestro caso hay una gran sinergia. Siempre trabajamos con muchas tierras suburbanas y esas tierras van mutando hacia un ámbito urbano por el crecimiento natural de la población.

Cuando ideaste Kentucky, esta zona todavía se podía cultivar tranquilamente. ¿Qué viste en ese momento?

La estancia es parte de la familia desde 1945. Era lo que se llamaba "la granja de Nenucho", que mi abuelo compró ese año. Cuando falleció mi padre, yo tenía 19 años y creamos la planta de silos para acopio y acondicionamiento de cereales acá, en Funes. En ese momento todavía no existía la autopista Rosario-Córdoba. Después, durante la presidencia de Menem, comenzó la construcción de la autopista Rosario-Córdoba y también empezaron los desarrollos inmobiliarios en zonas como Pilar, en Buenos Aires. Con la mejora de la infraestructura, de la energía y de las comunicaciones, Funes quedó mucho más cerca de Rosario. Fue una evolución que acompañó a los años noventa y generó una explosión muy importante de todo el desarrollo suburbano. Luego hubo una segunda ola, después de la pandemia. El encierro hizo que la gente valorara mucho más vivir en áreas periurbanas, con espacios verdes y jardines.

¿Qué aspectos positivos y negativos ves en cada actividad? ¿Cuál te genera más dolores de cabeza?

Son dos sectores que nosotros complementamos bastante, pero son muy distintos. Todos los días vos jugás una partida y el Estado y el clima juegan otra. Entonces, permanentemente te tenés que adaptar. En este país hemos tenido muchísimas variaciones de gobierno e, incluso, políticas directamente saqueadoras, sobre todo para el sector agropecuario. Algunas todavía perduran, aunque están en declive. Lo único que falta es que terminen de eliminar los derechos de exportación, que son uno de los mayores robos que el Estado le hace al campo.

¿Cómo arrancaste?

Empecé a los 19 años porque mi padre falleció a los 50. En ese momento hicimos la planta de cereales. Viví toda la época de Alfonsín y la hiperinflación. Había momentos en los que vender cereal y cobrar el acondicionamiento quince días después era peor negocio que esperar para cobrar, porque la inflación se llevaba todo. El argentino siempre tuvo que adaptarse a las circunstancias y buscar la manera de sobrevivir. El agro atravesó muchas situaciones de ese tipo. A principios de los años noventa vivimos una transición parecida a la actual, aunque mucho más complicada. Prácticamente todos los campos estaban hipotecados con el Banco Nación. El crédito lo daban los propios acopios y, además, había precios internacionales muy bajos. Fue una etapa muy difícil para el campo. Después llegó la época de Kirchner, que saqueó sistemáticamente la rentabilidad del sector hasta llevarlo a la situación actual.

Hoy el campo argentino está desfinanciado, desinvertido y, sin embargo, tiene un potencial enorme. Eso se ve claramente cuando uno compara el crecimiento del agro brasileño con el argentino durante los últimos 25 años. Ellos nunca tuvieron la presión tributaria que soportamos nosotros. Tenemos maquinaria obsoleta, con muchos años de antigüedad; no hemos refertilizado los suelos; usamos los recursos del campo para subsistir; hay poca tecnología y ni hablar de las malas vías de comunicación.