Con el estiercol de 20 animales se puede hacer que el maíz rinda hasta un 20% más: cómo se hace

El estiércol bovino puede mejorar entre un 15% y un 20% el rendimiento del maíz en materia seca y reducir la necesidad de fertilizantes químicos; la ingeniera agrónoma Paola Campitelli, de la UNC, explicó cómo tratarlo y planificar su aplicación para aprovechar sus nutrientes

Por
como usar estiercol bovino para fertilizar
13deOctubrede2026a las15:37

El estiércol que generan los animales en los corrales puede convertirse en un recurso para la agricultura. Utilizado como enmienda orgánica en los mismos campos donde se produce el maíz destinado a la alimentación del ganado, permite mejorar el rendimiento del cultivo y reducir la necesidad de comprar fertilizantes. La clave está en tratarlo adecuadamente y planificar su aplicación.

Así lo explicó la ingeniera agrónoma Paola Campitelli, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), al abordar el uso del estiércol como fertilizante y su papel en la economía circular dentro de los sistemas ganaderos.

La especialista señaló que el objetivo es dejar de considerar estos materiales como un residuo y empezar a incorporarlos como un insumo de la propia producción. De esta manera, los nutrientes que provienen de los animales vuelven al suelo y pueden aprovecharse para producir nuevos alimentos.

Economía circular: del feedlot al lote de maíz

Uno de los principales beneficios de esta práctica es que permite aprovechar los nutrientes dentro del mismo establecimiento agropecuario, sin necesidad de trasladar grandes volúmenes de material entre campos.

En ese sentido, Campitelli recordó una frase del ingeniero Fernando Vilela, exsecretario de Bioagroindustria: “La biomasa viaja caro”. El traslado de estos materiales puede resultar costoso debido a su volumen y contenido de humedad, pero la situación cambia cuando el estiércol se utiliza en el mismo campo donde se producen los cultivos que alimentan a los animales.

“Si yo lo tengo en el mismo establecimiento agropecuario donde después produzco el maíz que va a comer mi propio animal en el feedlot, es muy sencillo aplicar este concepto teórico de la economía circular o bioeconomía”, explicó.

Como ejemplo, indicó que el estiércol generado por 20 animales en un feedlot puede utilizarse para enmendar una hectárea de maíz. Según detalló, el cultivo puede rendir entre un 15% y un 20% más de materia seca, que luego se destina a la alimentación animal.

Te puede interesar Maquinaria Agrícola

Además de aprovechar los nutrientes disponibles, esta estrategia permite reducir la compra de fertilizantes. Campitelli mencionó especialmente la urea, como fuente de nitrógeno, y los fertilizantes fosfatados.

“En el primer año yo ya puedo no aplicar fósforo si aplico enmienda y me ahorro mucho del nitrógeno que lo uso solamente como complemento al menos en los tres primeros años”, sostuvo. Incluso, señaló que existen sistemas productivos que ya no aplican ninguno de esos fertilizantes al suelo.

Compostaje: el proceso necesario antes de aplicarlo

Para utilizar el estiércol en los cultivos, no alcanza con recolectarlo y distribuirlo directamente sobre el lote. Es necesario someterlo a un proceso de estabilización que permita utilizarlo de manera segura.

Campitelli explicó que en Córdoba se trabajó junto con la Secretaría de Ambiente, la Secretaría de Ganadería y las cámaras productoras, entre ellas las de feedlot, para desarrollar la Resolución 2917. La normativa vigente permite aplicar estiércoles y efluentes estabilizados al suelo, bajo determinadas condiciones.

En el caso de los residuos sólidos, el método más utilizado es el compostaje. La especialista aclaró que no consiste simplemente en apilar el estiércol, sino en someterlo a un proceso controlado.

“Implica darle las condiciones a los microorganismos que están trabajando ahí para que aumenten la temperatura. La temperatura no aumenta porque uno lo calienta, sino porque esos microorganismos en su metabolismo trabajan, aumentan la temperatura, degradan esa materia orgánica, la estabilizan”, detalló.

Ese aumento de temperatura también permite eliminar los patógenos que pudieran estar presentes y las semillas de malezas, de modo que el material resulte apto para su uso en el suelo y los cultivos.

El proceso puede demandar entre tres y cuatro meses en el caso del estiércol bovino. Durante ese período, es necesario controlar las condiciones del material, que puede requerir aireación o riego, según su estado.

“Lo importante es medir la temperatura y una vez que esa temperatura desciende, recién ahí lo puedo aplicar al suelo para no generar efectos adversos”, advirtió Campitelli.

Cómo planificar la aplicación y evaluar los resultados

Otro aspecto central es definir cuánto estiércol utilizar y en qué momento hacerlo. Para Campitelli, la diferencia entre tirar un residuo y aplicar una enmienda está en el conocimiento técnico que hay detrás de la decisión.

“Aplicar tiene atrás todo un proceso mental de conocimiento y la bioeconomía es biomasa más conocimiento. Si falta una de esas dos patitas se cae”, afirmó.

Por eso, la recomendación es elaborar un plan de aplicación con asesoramiento profesional. La dosis debe definirse en función de la demanda de nutrientes, las características del suelo y la composición de la enmienda.

Además, el análisis debe contemplar la rotación completa y no solamente el cultivo inmediato. Como ejemplo, la ingeniera planteó un esquema de dos años de maíz y uno de soja: en ese caso, el cálculo debe considerar los tres años y el efecto residual de los nutrientes incorporados.

También es necesario tener en cuenta que la composición del estiércol puede variar según la dieta de los animales y la especie. Si cambia la alimentación, cambia el material obtenido y, por lo tanto, puede ser necesario ajustar el proceso de compostaje. “Es un proceso muy heterogéneo y hay que conocerlo y estudiarlo para cada estiércol”, señaló.

En cuanto a la adopción de esta práctica entre los productores cordobeses, Campitelli reconoció que todavía requiere trabajo de difusión y demostración de resultados. Para avanzar, consideró fundamental mostrar números concretos y comparar los costos de aplicación con los beneficios productivos.

“Hay que mostrar números, ensayos, ir con los datos, decir: ‘Bueno, te ahorraste, te cuesta aplicar un quintal de soja por hectárea, pero si te rinde un 15, un 18, un 20% más, lo midamos en seco, ¿no? Cuánto más alimento tenés y bueno, se paga solo’”, explicó.

Según la especialista, cada vez más productores consultan y comienzan a incorporar estas prácticas, tanto por las exigencias ambientales como por los resultados económicos que observan en sus establecimientos.

Temas en esta nota