"La Argentina tiene un trigo de volumen, pero su valor es bajo": el desafío que plantea Daniel Miralles

El investigador de la FAUBA y el Conicet analizó en Rosario cómo afectará El Niño a la campaña, por qué hay que diferenciar el trigo por calidad y cómo adaptar las fechas de siembra y la fertilización al cambio climático

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Daniel Miralles en un ensayo de trigo
06deNoviembrede2026a las10:41

El trigo argentino atraviesa una campaña con buenas condiciones de base, pero con un factor que preocupa en el tramo final: la nubosidad asociada a El Niño. Así lo planteó Daniel Miralles, investigador de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y del Conicet, durante el X Congreso Nacional de Trigo realizado en la Bolsa de Comercio de Rosario el 21 y 22 de octubre.

"Esperábamos una potencialidad de rendimiento muy importante. Tuvimos algunos desafíos con las heladas este año, que no fueron demasiado importantes, y ahora tenemos este efecto de El Niño, particularmente durante septiembre, octubre, noviembre y diciembre", explicó.

Según Miralles, la falta de radiación en esos meses podría recortar parte del potencial de un cultivo que llegaba sin limitaciones de agua y con los suelos recargados. Pero más allá de la coyuntura, el investigador puso el foco en los desafíos de fondo: mejorar el rendimiento y, sobre todo, la calidad y el valor del trigo argentino.

Un trigo de volumen, con poco valor

La Argentina produce entre 18 y 22 millones de toneladas de trigo por año, un cultivo que explica alrededor del 5% de las exportaciones del país. Para Miralles, el problema es que ese volumen no se traduce en un buen precio. "A mi criterio, Argentina tiene un trigo de volumen, pero su valor en el mercado internacional es bajo", afirmó.

La salida, según el investigador, pasa por diferenciar el trigo según su calidad. "Tenemos desde trigos de muy alta calidad hasta trigos forrajeros. Hay que distinguir esa línea de calidades para lograr valor agregado en todos los segmentos, porque existen clientes que demandan trigo de baja calidad, pero también podemos vender nuestro trigo como un producto de alta calidad", explicó.

En ese segmento, destacó la oportunidad de exportar a países que necesitan trigos correctores, es decir, de alta calidad, para mejorar sus harinas.

Cosechadora roja trabajando un campo de trigo dorado, con una nube de polvo detrás

Producir calidad cuesta: la brecha del grupo 1

En la Argentina, los trigos se clasifican en tres grupos de calidad. El grupo 1 es el de mayor calidad panadera, pero tiene una desventaja: rinde menos. Según Miralles, pierde entre 700 kilos y una tonelada por hectárea frente a los mejores trigos del grupo 2.

"Producir proteína tiene un costo", explicó. Los trigos de menor calidad tienen menos proteína y destinan más energía a producir carbohidratos, lo que les permite alcanzar un mayor potencial de rendimiento.

Por eso, el investigador planteó que cada grupo necesita un manejo diferente y que el gran desafío es cerrar la brecha de los trigos de mayor calidad. "El desafío es trabajar en todos los grupos, pero particularmente en el grupo 1, para reducir esa brecha de rendimiento", sostuvo.

Parcelas experimentales de trigo en campo con riego por pivote central de fondo, en hileras de distintas variedades

Nuevas variedades en la mitad del tiempo

Una de las herramientas para acelerar esa mejora es la biotecnología. Según Miralles, hoy el desarrollo de una nueva variedad de trigo puede llevar unos 10 años. "Con la biotecnología y las herramientas de edición génica que se mostraron aquí, ese tiempo se reduce a la mitad", explicó.

El investigador también destacó la evolución que tuvo el cultivo en las últimas cuatro décadas, con ganancias promedio de rendimiento de entre 30 y 40 kilos por hectárea por año.

Repensar las fechas de siembra y la fertilización

Miralles también se refirió al impacto del cambio climático. "El cambio climático es un hecho y no podemos negar su existencia. Trajo temperaturas promedio más altas y, en muchas zonas, modificó las fechas de ocurrencia de las heladas", señaló.

En ese contexto, explicó que los trigos de ciclo más largo son los que muestran mayor potencial y que podría ser conveniente adelantar algo las fechas de siembra, siempre evitando el riesgo de heladas. Sin embargo, advirtió que no hay una receta única: "Las fechas de riesgo de heladas cambiaron de manera diferente según la zona. Adelantar la siembra no significa necesariamente que vamos a tener más potencial de rendimiento ni que evitaremos las heladas". Por eso, recomendó trabajar con las estadísticas climáticas de cada lugar.

Lo mismo ocurre con la nutrición. Con variedades de mayor potencial, el investigador planteó la necesidad de revisar cuánto fertilizante aplicar y de mantener siempre una nutrición balanceada. "Un nutriente limitante condiciona el aprovechamiento de cualquier otro", explicó. Y resumió: "Datos tenemos; hay que analizarlos y transferirlos al sistema de producción".

Cuatro personas, tres de ellas de pie junto a un camino de tierra entre parcelas de trigo verde, en un campo abierto.

La cebada, el otro gran cereal de invierno

El congreso no se limitó al trigo. Miralles destacó el lugar de la cebada, que en la Argentina ocupa alrededor de 1,5 millones de hectáreas y produce "una de las mejores calidades de malta", con la que se abastece a casi toda Latinoamérica.

Según el investigador, entre el año pasado y este se incorporaron tres nuevas variedades de alto potencial. "En muchas zonas, la cebada no solo iguala el rendimiento del trigo, sino que incluso lo supera", afirmó.

Para Miralles, el trigo pan, el trigo candeal y la cebada son los cereales de invierno con mayor futuro en la Argentina, y los tres requieren trabajar sobre el mismo objetivo: más rendimiento y más calidad.

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