La crisis del agro llega también a las ciudades

15deMarzode2000a las08:08

La difícil situacióndel campo argentino (Nota I)

PIGÜE,Buenos Aires.- Al volante de una camioneta cansada de andar, Jorge Oustryrecorre su campo para ver cómo están el maíz y la hacienda. En su voz se notael dolor, la desesperación: "Estoy muerto económicamente. Con la venta deuna parte del campo calmaré el ánimo de los acreedores, pero no sé cuántotiempo más podré frenar el remate judicial".

La de Oustry, un productor descendiente de colonos franceses que llegaron ala región hace muchísimos años, es apenas una historia. Pero hay muchas mása lo largo de un itinerario que empieza en Azul y termina en Coronel Pringles.

En este cordón del sudoeste de Buenos Aires, la crisis golpea con fuerzatanto en el campo como en la ciudad, algo evidente a la mirada de cualquierobservador. Castigada por el clima en sucesivas campañas agrícolas, la zonamuestra señales de descapitalización. Como reacción, el movimiento económicode las ciudades va en picada. Estaciones de servicio, supermercados,veterinarias, gomerías, herrerías, tiendas, casas de electrodomésticos...ningún rubro es ajeno al abismo financiero por el que desciende el agro.

"Por el fracaso de la cosecha fina Pigüé perdió entre 10 y 15millones de dólares. Esto se traducirá en la abrupta disminución de lascompras y, consecuentemente, en el cierre de negocios, que ya trabajaban a pérdida",advierte el ingeniero Rolando Frayssinet.

La caída de la producción de cereales y los bajos precios, el peso dedeudas que crecieron en forma exponencial y la excesiva presión impositivaexpulsan del sistema a cientos de productores.

Economía desupervivencia

La ondaexpansiva de la crisis rural cubre con su sombra a los comercios urbanos."La economía local está deprimida. En esta zona se nota que el agro es elcentro del engranaje comercial. Pero ahora la crisis del sector va frenando ladinámica de los negocios ", señala Luis Santiago Albanese, propietario deun supermercado azuleño.

"La gente ajusta sus compras al extremo y busca artículos más baratos,incluso tratándose de alimentos. Por ejemplo, en vez de comprar una lata deduraznos, compra un kilo de fruta." Así explica Albanese una caída del20% en la facturación y justifica el despido de 30 empleados. "Hace cincoaños había 1300 negocios registrados en la municipalidad. Hoy sólo queda pocomás de 900", advierte Javier Alvarez, de la Asociación de Comercio eIndustria de Coronel Pringles.

A los productores ya no les quedan variables de ajuste interno: restringenlos retiros personales, disminuyen el consumo de electricidad, combustible yfertilizantes, ajustan el sueldo del personal o prescinden de él, se desprendende parte del rodeo, alquilan o venden una porción del campo, se olvidan delmantenimiento de maquinaria e instalaciones, no renuevan los vehículos, dejande pagar impuestos, se asocian con otros para disminuir costos de laboreo...

Quienes aún se sostienen no son ajenos a la falta de rentabilidad, y frentea balances negativos se preguntan qué sentido tiene seguir apostando al sector.La administración de los recursos roza la supervivencia. "Estamos viviendoal límite", se repite en el campo y en la ciudad.

Integrantes de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola-caracterizados por una aguzada visión empresarial- coinciden: "No haygestión eficiente ni paquete tecnológico de punta que resista"

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