Las inversiones intelectuales van a prevalecer en el campo del siglo XXI

20deMayode2000a las09:37

Según Keynes,las nuevas ideas económicas son simples, casi obvias; lo difícil esdesprenderse de las viejas. Esto es doblemente cierto en el campo, apegado aideas y tradiciones de un tiempo pasado que fue mejor. Por ello, cuesta ver lasnuevas realidades de la empresa agropecuaria, que en el futuro serán obviaspara todos: La economía del siglo que comienza está regida por los factoresintangibles y las empresas que aprovechan mejor los recursos virtuales -ideas,innovaciones, invenciones- dominan a las que se concentran en los recursosmateriales. Esto se observa en las grandes fusiones empresarias, desdeRepsol-YPF a AOL-Time Warner.

En el campo, sin embargo, siguen firmes las ideas del pasado, que danprioridad a la posesión de factores materiales, generando empresas fijadas enlos objetos (tierra, equipos, producción) más que en los activos intangibles.

La realidad es que para la empresa del campo ya no es imprescindible, comoantes, inmovilizar capital en los factores físicos de la producción. Cada vezhace menos falta ser propietario del suelo o abocarse directamente a la producciónde bienes: la tierra se puede alquilar, y la producción, contratar. Lo que nose puede tercerizar son los factores intelectuales que hacen al éxito de cadaempresa: la definición certera del negocio, la elección de la escala, el diseñode la empresa, la capacidad de ejecución, la calidad de la organización humanay su capacidad de aprendizaje, entre otros. Estos intangibles generan ventajascompetitivas duraderas, que no están al alcance de todos ni son copiables, puesprovienen de la capitalización de ideas propias.

Las ideas delayer

Veamos algunosconceptos que son moneda corriente en el ámbito agropecuario:

El campo no es un negocio sino un estilo de vida.

La empresa agropecuaria típica es un negocio de commodities; por ello,tiende a la baja rentabilidad. Esta tendencia se corrige por el aumento de laescala, diluyendo los costos fijos en un volumen mayor de operaciones. Losestilos de vida van en sentido contrario, pues acarrean costos improductivoscada vez más difíciles de absorber, debido al alza de los impuestos, lossalarios y los gastos de mantenimiento.

Las empresas de estilo de vida, como la estancia tradicional o el modernocampo "hobby", están estructuradas para gastar dinero antes deganarlo, porque priorizan el despliegue de recursos por sobre la rentabilidadempresaria. Cuando las empresas de campo no son negocio, deben ser subsidiadasdesde afuera.

Para que el campo sea negocio, hay que empezar por entender qué es unnegocio.

El campo es una caja de ahorro.

Durante gran parte del siglo que termina, la ampliación de la fronteraagropecuaria, la urbanización y la inflación premiaron las inversionesinmobiliarias, asegurándoles a largo plazo un valor creciente con bajos costosde mantenimiento.

En la economía posinflacionaria de fines de siglo, la tierra ya no sevaloriza automáticamente, sino que pasa por ciclos de auge y depresión deprecios. Quien compra o conserva un campo ya no termina ganando, aun sintrabajarlo. Han aumentado los costos de mantenimiento de la inversión, queabsorben hoy una cuota importante de la producción. En consecuencia, la inversiónen campos ya no es una forma segura de ahorro.

El campo es un negocio de bajo riesgo.

Para algunos, esto explica su baja rentabilidad: al ser una inversiónsegura, rinde menos. Para otros, es una invitación a lanzarse a cualquierinnovación, en la creencia de que los resultados son infalibles.

Pese a su imagen bucólica, el campo está expuesto a una amplia gama deriesgos, potenciados por la idea de que es algo seguro. Se destacan los azaresclimáticos y de mercado, seguidos por

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