Apoyo extranjero al plan económico

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04deJuliode2000a las08:08

Los expositores visitantes dieron un claro mensaje de respaldo

Felipe González recurrió abiertamente a José Ortega y Gasset y actualizóel "Argentinos, a las cosas". Su frase de ayer fue: "Argentinos,por favor, salgan del diván". O sea: basta de quejas y a ponerse enmovimiento, que el país está para grandes cosas.

Los numerosos funcionarios argentinos que lo escuchaban pueden haberloregistrado como un espaldarazo ("nos ven mejor desde afuera"). O bien,en una versión menos simpática, como una exhortación directa a ponerse atrabajar en serio porque está todo dado para que la Argentina dé un gran saltoen pocos años.

Se vea de una manera o de otra, lo que sintetizó en gran estilo retórico elex presidente de España -que, dicho sea de paso, es hoy un español tanglobalizado que habla un castellano neutro, casi sin acento peninsular- no fuemuy diferente de lo que rápidamente advirtieron todos los visitantesextranjeros, desde el ex titular del FMI Michel Camdessus hasta el ex ministrode Relaciones Exteriores británico Douglas Hurd, o el titular del BancoSantander Central Hispano, José María Amusátegui: la economía argentinaestá mejor de lo que el ciudadano común percibe.

Y que el gran problema de los gobiernos de todo el mundo es saber mantener elrumbo correcto aun cuando siempre hay que pasar un tiempo difícil en el cualtodavía no se ven los resultados.

José Luis Machinea pudo sentirse, por lo tanto, particularmente cómodo conla mayoría de las cosas que se dijeron en el concurrido Foro Argentina-UniónEuropea. Es más: podría decirse que todos los visitantes trabajaron casi enconjunto para sostener el rumbo del gobierno argentino.

Podría suponerse que lo hicieron por cortesía y porque siempre se dice lomismo, desde esas responsabilidades. Pero sería una forma excesivamenteescéptica de ver las cosas.

La sensación real que se respiraba en los salones del flamante hotel Hiltonera que todos los visitantes extranjeros de alto nivel no sólo trataban de verbien a la Argentina porque es mejor el éxito que el fracaso. También lotransmitían porque creen auténticamente que con decisiones racionales seobtienen, al final del día, resultados positivos.

La clave de esa aprobación tampoco debe ser vista como la simpatíaparticular por un gobierno o por otro. Ni lo decían antes porque les caía bienCarlos Menem ni lo hacen hoy porque les resulte más simpático Fernando de laRúa.

Como lo sintetizó muy bien González, "el gobierno argentino estáhaciendo lo que tiene que hacer". O sea, adoptar medidas severas si sonnecesarias. Y no es otra cosa lo que dijeron en el pasado, cuando se elogió laaudacia de Menem en sus primeras grandes reformas.

Lo que se premiaba ayer, en esas múltiples declaraciones, era nada más ninada menos que la madurez y la continuidad en la gestión de los asuntospúblicos. González llamó a eso "un área de consenso entre las distintastribus ideológicas".

Caracterizó así el escaso margen de estos tiempos para adoptar políticasmacroeconómicas. No se puede hacer cualquier cosa y hay que saber admitir larealidad para partir de ella y apuntar a un futuro mejor.

Eso no significa que los países hayan perdido capacidad de acción. El expresidente español recordó muy bien que el Estado-nación conserva aún nadamenos que su validez para cuestiones tan claves como la soberanía, lademocracia y la identidad.

Quizá sólo le faltó agregar algo, al menos explícitamente: que esos tresobjetivos pueden alcanzarse mucho mejor, precisamente, cuando un país alcanzaese grado de consenso básico para mantener una sana política económica concontinuidad y solidez. Algo así como que la mejor política es una buenaeconomía. Y que el círculo virtuoso arranca con los números en orden.

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