EE UU : la fiesta no será eterna

17deJuliode2000a las08:46

Endeudado en 1,9 billón con el resto del mundo, EE.UU. se parece hoy a un"Brasil del mundo industrializado".

ROBERT DUNN

Mientras la Casa Blanca discute con los congresistas republicanos a quiéndebe adjudicarse el mérito por el creciente superávit presupuestario y elnoveno año de expansión económica de los EE.UU., se presta poca atención aun problema que avanza: una cuenta comercial que se deteriora y un enormeendeudamiento con el resto del mundo.

El déficit de cuenta corriente de 1999 de los EE.UU. -comercio de bienes yservicios- sumó 339.000 millones, casi un 4% del PBI. Durante los últimos dosaños, el déficit se duplicó. Este año podría alcanzar los 400.000 millones.

Para financiar este desbalance, los EE.UU. toman prestado en el extranjero.Como resultado, el país debe actualmente al resto del mundo un neto de 1,9billón, más del 20% del PBI. Los EE.UU. se están convirtiendo en el Brasildel mundo industrializado.

Cuando la administración Clinton se hizo cargo, el endeudamiento neto era de455.000 millones. Para fines de este año, alcanzará probablemente los 2,3billones.

Las cifras de comercio y endeudamiento se deben a una rara combinación deboom en la economía estadounidense, un crecimiento menos que eufórico en Asiay un agudo declive del índice de ahorro de los hogares.

El aumento de los ingresos de los individuos implica más importaciones,mientras que las debilidades de Asia limitan las exportaciones estadounidenses.

Más importante aún:, las familias estadounidenses no están ahorrando. Másbien se encuentran en un estado de euforia consumista: comer, beber y serfelices.

Pese a la transformación de los déficit públicos en superávit, la tasa deahorro nacional es insuficiente para financiar las necesidades de inversión delos EE.UU., de modo que es necesario un gran déficit de cuenta corriente.

Los economistas no están seguros de por qué las familias estadounidensesdejaron de ahorrar, aunque un efecto de riqueza proveniente de la bolsa y delaumento de los precios inmobiliarios parece ser un factor importante.

Los estadounidenses ganaron tanto dinero con las acciones de sus seguros deretiro y la valuación de sus casas que no sienten la necesidad de ahorrar. Encambio, gastan, y mucho de lo que compran es importado.

Sin embargo, los EE.UU. no pueden pedir cientos de miles de millones dedólares por año indefinidamente al resto del mundo. La última vez que losEE.UU. tuvieron una saludable cuenta corriente fue al comienzo de los 90, cuandouna recesión contuvo las importaciones y la inversión domésticas. Esa no esuna manera deseable de resolver el problema.

La cuenta corriente de los EE.UU. podría volver al equilibrio sin recesión,pero eso requeriría una rara coincidencia en las economías nacionales y gransuerte.

Si Japón prosperara notablemente, eso se extendería al resto de Asiamediante el aumento de importaciones niponas. A su vez, provocaría el aumentode las compras a EE.UU., y derivaría en un incremento de las tasas de interésen Asia, que haría menos atractivas las inversiones en EE.UU.

Si, al mismo tiempo, la economía de EE.UU. se desacelerara, permitiendo unabaja de la tasa de interés, el flujo de capitales desde Asia a los EE.UU. serevertiría, depreciando el dólar.

La combinación de un dólar más bajo, desaceleración del crecimiento deEE.UU. y mayor crecimiento en Asia llevaría a una reducción de lasimportaciones estadounidenses y a una mejora importante de la cuenta corrientede los EE.UU. La aceleración del crecimiento de Europa también podría ayudar.Pero ese escenario está lejos de ser evidente.

La ruta alternativa para el equilibrio de la cuenta corriente es mucho menosatractiva. Si las familias estadounidenses se decidieran finalmente a no gastarmás de lo que ganan, persuadidas tal vez por un serio declive bursátil, o silos bancos de EE.UU. ajust

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