Secuestro de carbono: Posibles futuros ingresos para el agro.

21deJuliode2000a las16:26

En los albores del tercer milenio aparecen nuevos paradigmas, cuya génesisresponde a la sustentabilidad de los agroecosistemas. Aparece un interéscreciente a nivel mundial por minimizar el impacto negativo de ciertasactividades humanas sobre los ecosistemas del planeta y por consiguiente unapreocupación sobre cómo acordar las conductas y prácticas a seguir paraconservar el agua, el aire, y el suelo, preservándolos de la contaminación yde ser posible trabajar con objetivos superadores que apunten, no sólo alsostenimiento, sino al mejoramiento de los agroecosistemas.

El calentamiento global de la corteza terrestre generado como consecuencia deuna mayor concentración de gases en la atmósfera, fenómeno conocido comoefecto invernadero, donde el CO2 es el principal responsable al impedir lanormal disipación del calor absorbido por la tierra, se calcula en 0,5 º C enlos últimos 100 años, y su concentración en la atmósfera habría crecidodesde 270 a 350 ppm.

La principal fuente de emisión es la utilización de combustibles fósilespara la generación de energía traducida en electricidad, transporte, procesosindustriales y tareas del agro. Otras causas recaen en la deforestación, quemasy el mal uso de los suelos agrícolas, en especial por labranzas tradicionalesque lo deterioran y lo empobrecen en su contenido de materia orgánica.

Si la emisión de gases continúa aumentando a la tasa actual de combustiónde combustibles fósiles, es posible que la temperatura aumente entre dos ycuatro grados centígrados en los próximos cien años con consecuenciasimpredecibles para el clima y el comportamiento de las plagas, dos cuestionesque inciden directamente en el resultado de los cultivos.

La toma de conciencia sobre la gravedad del problema ha derivado en unconsenso mundial generalizado acerca de la prudencia que deberá gobernar lasacciones presentes y futuras orientadas a atenuar la velocidad de los cambios,comenzando por el control de las emisiones de gases, como también por laincentivación de las actividades de secuestro y fijación de carbonoatmosférico.

Con esta línea argumental, se firmó en 1977 el protocolo de Kioto, dondelos países que lo rubricaron se comprometieron a incentivar accionesconducentes al balance de CO2 con prácticas como la forestación y el usoadecuado de los suelos. A partir de entonces se generó un incipiente"Mercado de Calidad Ambiental" donde las grandes petroleras y empresastermoeléctricas acordaron pagar a través de la compra de "Certificados deCarbono" por el aire que contaminan a aquellos usuarios de prácticas quecontribuyan al secuestro del carbono atmosférico, para contrarrestar de estaforma el impacto negativo del que se sienten responsables por la quema decombustibles fósiles.

La utilización de biocombustibles como el biodiesel, también se ve como unaalternativa interesante, pues al producirlos se fija CO2 en la fotosíntesis,sin alterar el balance, en lugar de quemar el que fue fijado en el pasadogeológico y hoy acumulado como petróleo, gas, carbón, turba, etc.

El Protocolo de Kioto aún no fue ratificado, posiblemente lo sea en laConferencia de Convenio Climático a realizarse en noviembre de este año enEEUU. La siembra directa podría incorporarse como un sistema atrapador decarbono por sus posibilidades de aumentar el contenido de materia orgánica enlos suelos, siempre que la misma sea correctamente implementada y permanente.

Existen antecedentes de un grupo de empresas canadienses que han estadohaciendo contratos de compras de carbono a productores del cinturón maiceroamericano para comprar el secuestro de 2,8 millones de toneladas. Se estima queestos agrosistemas podrían fijar hasta 18 Tn. de CO2/ha./año dependiendo delmanejo y rotación. Habría un valor piso para la tonelada de CO2 fijada quesolo obraría como referencia básica. Luego los bonos o cuotas de carbonogene

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