Difícil desafío para el gobierno: terminar con la incertidumbre

07deAgostode2000a las08:38

Escriben Carlos Melconian y Rodolfo Santangelo

Hasta fines de 1998, el riesgo soberano argentino era similar al mexicano (elcosto de la deuda pública era 4 puntos superior al de Estados Unidos). Eran doseconomías sólidas que, con dificultades, podían aspirar a una graduación endos o tres años si superaban exitosamente las transiciones políticas quevenían. Pero 1999 fue un punto de inflexión entre ambas, en gran parte porimpactos internacionales muy distintos. México se benefició del crecimiento deEE.UU. y del aumento del precio del petróleo y siguió creciendo. La Argentinasufrió la devaluación de Brasil, la caída de los precios agrícolas ytambién la segunda gran contracción en cinco años.

Este 2000 está agrandando las diferencias y percepciones sobre ambaseconomías. México está en un círculo virtuoso, crece otro año más, elriesgo está en 3,5 puntos y hace una transición política inédita. LaArgentina no sale del círculo vicioso, en parte porque el contextointernacional relevante para nosotros no mejora. El riesgo-país sigue alto, en6 puntos y medio, y cuesta salir de la recesión.

La economía argentina está como un disco rayado. Dejó de caer pero crecemuy poco. El gobierno persevera en el ajuste fiscal pero le cuesta convencer. Elesquema elegido requiere que baje el riesgo-país para que entren capitales y laeconomía vuelva a crecer. Los inversores quieren ver primero la reactivaciónpara invertir en la Argentina y que baje el riesgo-país. ¿Quién tira laprimera piedra?

Remedio tardío

Hay propuestas que piden «profundizar el modelo» con reformas del Estado,laboral, obras sociales, coparticipación, etcétera. Otras piden directamente«cambiar el modelo». Aunque coincidimos, en parte, con los primeros, creemosque bajo el actual contexto internacional ninguna de las dos propuestas resuelveel problema de la incertidumbre de corto plazo. Las reformas llevan tiempo y serinvestment grade en cuatro años es un remedio que llega demasiado tarde.

Sin salir del modelo, una posibilidad es que De la Rúa se resigne a convivircuatro años así, sin colapso, ni tampoco pasando a la historia. «Así» es unpunto medio entre quienes creen que así no podemos seguir y los que creen quecon un par de medidas bien comunicadas pronto se irá el mal humor. La Argentinapuede, por los diques de contención de un sistema monetario y bancario sólido,mantenerse varios años creciendo a 3% anual promedio, sin grandes euforias yevitando grandes depresiones, con algunas reformas moderadas.

Pero en este escenario la política económica enfrentará presionespermanentes de por lo menos cinco áreas: los mercados de capitales pidiendomás solvencia fiscal, los sectores afectados más gasto social, las empresasmás competitividad, las personas menos impuestos y los políticos queriendoganar elecciones. Armonizar estos pedidos es ardua tarea pero absolutamentenecesaria para llegar a buen puerto.

¿Qué se puede hacer para salir del disco rayado? ¿Qué ofensiva essimultáneamente audaz y racional para complementar este esquema ultradefensivo,este «catenaccio» que, aunque evita la crisis, mantiene alta la incertidumbre?El objetivo central debe ser «pulverizar el riesgo soberano», la percepciónde que la Argentina es un país poco confiable que puede eventualmente entrar encesación de pagos. Hay que proponerse que el riesgo argentino vuelva a sersimilar al mexicano, como hasta 1998. Como no hay la tasa de interésinternacional ni los precios agrícolas, ni el tipo de cambio real en Brasil quehabía entonces, lograrlo sólo con esfuerzo local sería muy lento.

Conviene ir a la fuente. La Argentina no tiene un gran problema de deuda, nipública, ni externa, sí tiene dificultades para financiarse a tasasdeclinantes. Sería útil acceder al mismo status que goza México. Como porgeografía un acuerdo comercial tipo NAFTA

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