Comienza una nueva etapa tras un año muy difícil , según De la Rúa

19deDiciembrede2000a las09:06

Estamos iniciando una nueva etapa, luego de dejar atrás un año muydifícil. Impávido a pesar del sol que le pegaba en la cara, Fernando dela Rúa presentó ayer el blindaje tal como se lo aconsejaron sus asesores deimagen: no como el último recurso antes del default sino como una prueba de laconfianza de los mercados internacionales «en la Argentina, en las medidastomadas hasta ahora y en la calidad de su pueblo».

El bucólico encanto de los jardines de Olivos, con sus especies aladas y suacogedora arboleda, parecía el escenario menos apropiado para los anuncios deayer, una colección de áridas cifras, términos tan poco emparentados con loagreste como «desembolsos», «necesidades de financiamiento», o «canje dedeuda de corto por deuda de largo».

Y sin embargo, los asesores de comunicación del equipo económico y delPresidente eligieron el «green» de la quinta para hacer conocer la concrecióndel blindaje. El atril con los micrófonos fue colocado al sol, lo mismo que lassillas para los periodistas, pero éstos fueron acomodándolas a la sombra queproyectaba el ala este de la residencia presidencial.

Convocatoria

Así fue que a la hora del discurso de Fernando de la Rúa (empezó a las16.30 en punto), sólo el jefe del Ejecutivo estaba al tórrido sol de la tarde.El resto de la acotada audiencia -los ministros Federico Storani y AdalbertoRodríguez Giavarini, la ministra Patricia Bullrich, el titular del Nación,Enrique Olivera, los legisladores Marcelo Stubrin, Jesús Rodríguez, DaríoAlessandro, Carlos Rodil, José

María García Arecha y Juan Pablo Cafiero, el secretario de Finanzas, DanielMarx, y el subsecretario de Financiamiento, Julio Dreizzen, más curiosos yhombres de prensa-se apiñaban al fresco.

José Luis Machinea, por su parte, aguardaba a un costado del improvisadoescenario el final de las palabras de De la Rúa, como un actor que espera elpie para entrar a recitar su parlamento. Después, hubo tiempo para los abrazosentre Presidente y ministro -para la foto-y una convocatoria a que se lesunieran para la posteridad Rodríguez Giavarini y Chrystian Colombo;curiosamente, el jefe de Gabinete había seguido los discursos desde el interiorde la residencia, sólo se mostró al final de la ceremonia y no se sometió-como hicieron casi todos los demás-a las preguntas del periodismo.

El día había comenzado con una reunión a la que se convocó a periodistasespecializados en economía; más tarde, se hizo una suerte de conciliábulo concasi todos los que luego se mostraron en el jardín, con el objeto de darles lostoques finales a los anuncios -en algún caso-y de informarles de antemano losprincipales puntos que se harían públicos poco más tarde -en otros-.

Los protagonistas de ese «minigabinete» que se prolongó por más de unahora fueron Colombo, Machinea y Lopérfido, a quien se vio llegar a la casaprincipal de la quinta en uno de los carritos de golf que se usan para trasladara invitados, seguramente parte de la pesada herencia de la administraciónanterior. Jorge de la Rúa también participó, y se lo vio por los pasillosleyendo algunos papeles.

Solitario

Quien «estuvo» pero «no estuvo», según un infidente que participó del«meeting» fue el frepasista Cafiero, que prefirió sentarse en solitario enuno de los sillones de la residencia, con cara de pocos amigos, expresión queconservó durante la lectura de los discursos y después también.

Marx y Dreizzen se negaron de plano, todas las veces que les preguntaron, aarriesgar cuál sería la baja esperable en las tasas de interés que deberápagar el país de cara al blindaje; tampoco quisieron decir cuántos «basicpoints» podría bajar el riesgo-país después de los anuncios. «Los mercadosreaccionan despacio; nosotros nunca hablamos de tasas, pero seguramente deberánbajar», dijo Marx a este diario.

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