Público y empresas pagan la mitad del nuevo ajuste
Columnistas de Ambito Financiero
La nueva ley de déficit cero es un instrumento que resulta bienvenido porcuanto elimina las dudas acerca de la suerte que iba a seguir el Decreto 896 quehabía dictado el PE y que finalmente esta ley ratifica, aunque formalmente loderogue. Esta regla dejaría directamente en manos del secretario de Hacienda laautorización legal de recortar las partidas presupuestarias para adecuarlas alos recursos corrientes, lo que garantizaría su efectiva aplicación.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que cualquier default, que significa«crédito cero», obliga, de hecho, a un déficit cero. El haber llegado a estamedida por ley y no por default evidentemente tiene su mérito, pero esto nodebe ser considerado simplemente como una virtud de la administración, sinotambién como una necesidad que resultó impostergable. También es cierto quelos más de 1.600 pbs de los días previos al anuncio eran un cuasi default querelativizan ese mérito, pero la diferencia en las consecuencias que traeríanuna y otra situación son abismales. Esto es, sin dudas, positivo.
