La cesación de pagos es siempre dolorosa
De la Redacción de LA NACION
La Argentina hizo ayer el anuncio cuya mera posibilidad, hace poco más dedos años, durante la campaña electoral, causaba espanto no sólo entre losinversores, sino en buena parte de la población.
Declarar la cesación de pagos de la deuda (default) para forzar una quita enlos montos y en los intereses, además de alargar los plazos, cuando habíaacceso a fondos abundantes y relativamente baratos, imprescindibles para atenderel rojo de la Nación y de las provincias, como lo proponía entonces elcandidato presidencial del justicialismo, Eduardo Duhalde, parecía undisparate.
Decidirlo cuando hace más de un año ya no se tiene acceso a créditoexterno alguno de los mercados parece menos grave. Como en medicina, lostratamientos y las cirugías feroces son una alternativa que se considera cuandola salud ya está gravemente quebrantada. Y así y todo no se va a ellosalegremente: son siempre dolorosos.
Las empresas y particulares de un país que cesa sus pagos comienzan apadecer las restricciones del crédito extranjero que dificultan las operacionesde importación y exportación, desde los embarques de grandes toneladas hastael pago en el extranjero con una tarjeta de crédito o las llamadas telefónicasde cobro revertido. Si un país no paga, no recibe crédito. Quiere decir que suEstado y sus empresas y particulares se verán obligados, en mayor o menormedida, a pagar al contado los productos y servicios que contratan en elexterior.
Obtiene crédito tanto quien abre en un banco local una carta de créditopara comprar en el exterior automóviles de lujo como quien llama desde elextranjero a su familia con una comunicación telefónica de cobro revertido.
