Un revés para los "duros" de Washington

31deJuliode2002a las08:25

Que haya bomberos tal vez haya vuelto irresponsable a la gente y muchos incendios se producen porque todos saben que habrá quien los apague. Eso incrementa el presupuesto para mantener los cuerpos de bomberos. Mejor sería decir que no habrá más autobombas y personal ante cualquier chispazo.

Que se sepa que el riesgo existe. La gente será cuidadosa, habrá menos incendios y gastos de los contribuyentes. Parece ser la idea de Paul O´Neill, que hasta ayer no había querido contemplar otra posibilidad: que incluso ante las falsas alarmas la gente se mate tratando, aterrorizada, de escapar, aunque ahora estudie la posibilidad de brindar una mínima asistencia a Uruguay.

Las crisis uruguaya y brasileña parecen alentadas por la política de Washington y el "ejemplo argentino", aunque sus causas no son las mismas. En Uruguay, los pesimistas esperan desde diciembre que les llegue la hora del corralito bancario, como a la vecina Argentina.

Brasil siente el peso de su deuda y la incertidumbre de un recambio de autoridades. Seguramente la comparación con la historia reciente de la Argentina también juega en contra. Y ello aunque la mayor economía del Mercosur no tiene convertibilidad, la que los brasileños identificaban como la causa de la crisis de sus vecinos.

El presidente George W. Bush y el secretario del Tesoro, Paul O´Neill, vieron realizado su sueño: han logrado aplicar en las finanzas internacionales la política que reclamaban a los demócratas cuando ellos, los republicanos, eran oposición.

Pedían que se terminaran los salvamentos. Y el entonces número dos del Fondo Monetario Internacional, Stanley Fischer, contestaba que el organismo había sido creado para garantizar la estabilidad, evitar las "devaluaciones competitivas" e impedir la repetición de los conflictos que desembocaron en la pavorosa Segunda Guerra Mundial.

Pero Bush venció en las controvertidas elecciones y los republicanos despidieron al "bombero" Fischer y colocaron en su lugar a la "dura" Anne Krueger, quien quiere desarrollar un nuevo esquema para atender las crisis de la deuda, como la argentina.

Lo que todo el mundo sabe es que estos médicos han abandonado las terapias tradicionales... y todavía no disponen de una nueva. Basta que alguien "parezca" tener síntomas para que se desate el terror a la epidemia.

El lema de O´Neill ha sido que no quiere que los dineros de los plomeros estadounidenses se dilapiden en préstamos a administradores extravagantes y audaces, que prometen repagar con altas tasas deudas muy importantes y apoyan sus pedidos en números mentirosos, amparados por auditores demasiado benévolos que permiten esconder la basura debajo de la alfombra.

Hablaba, claro, de la Argentina y el FMI, pero es sorprendente lo bien que se acomoda el mismo discurso para describir la crisis que desataron la corporación Enron y su auditor, Andersen. ¿Cuánto dinero perdieron allí los plomeros norteamericanos que esperaban un día jubilarse con buenos ingresos gracias a sus inversiones bursátiles?

La ayuda dispuesta anoche para Uruguay deja en claro que fallaron todos los planes para aislar al vecino país de la crisis argentina. Pero también será más que visible la diferencia de trato con la Argentina, que no ha logrado el acuerdo con el FMI, que ha sido casi el único objetivo económico del gobierno provisional de Eduardo Duhalde desde su primer día.

Además, con la devaluación de Brasil, muchas empresas argentinas ven zozobrar la que parecía una tabla de salvación ante la vertiginosa caída del consumo interno.

Adiós a la ilusión

No faltarán tampoco comerciantes que extrañen a los uruguayos, que disfrutaron hasta hace poco en Buenos Aires de un breve "deme dos", ni operadores turísticos que lamenten la menor afluencia de brasileños.

La ilusi