Juntemos los eslabones

06deAgostode2002a las10:05

El Chacring, que simboliza la acción de hacer agricultura agregando valor con conciencia de comunidad social y de negocio, quedó como una descripción romántica y soñadora, superada por una realidad agropecuaria argentina en descomposición siguiendo la dinámica del síndrome del sobreviviente. Todas las acciones individuales y de los eslabones sueltos profundizan el caos. Siempre la culpa la tiene otro. El gobierno, el FMI, los subsidios, el proveedor de insumos, el banco, el productor, el exportador, el dirigente, el gobernador, el socio.... Nunca uno mismo, tan puro y santo, que sólo es víctima de la maldad del entorno. Así, es evidente que nos hundimos todos.

Hasta el momento, ni una propuesta integradora basada en la comunicación entre eslabones. Digo comunicación porque no alcanzan las reuniones sino se transforman en "encuentros" basados en la comunicación, que no es diálogo de sordos. Escuché de James Andersen de la Universidad de Dakota del Norte que comunicarse primero es escuchar al otro con la cabeza y el corazón y luego, dijo luego, es hacerse escuchar en la cabeza y el corazón del otro. La persona integra ambos planos y anular uno es deshumanizar el diálogo que pretenda llevar por la comunicación al encuentro. Lo de James Andersen es un cuento sólo usado para hacerme escuchar. Porque si lo digo yo seguramente sería descalificado por ser argentino y descalificable por no ser perfecto y haber cometido como todo ser humano errores en mi historia. No importa si uno se rectifica reconociendo el error e intenta superarse y reparar el daño si lo hubiera cometido. En nuestro país nada se perdona y no hay posibilidades de cambio y reconversión. Siempre buscando mesías perfectos, siempre frustrándonos por no hacernos cargo de nosotros mismos y por la falla de los mesías que nos "estafan". Nadie reconoce errores y así aumenta su credibilidad y genera confianza. Porque la confianza se genera en valores compartidos y uno de esos valores a compartir me parece que es el de la imperfección de lo humano y al mismo tiempo el del reconocimiento del error con la actitud de superación para ser cada vez más competentes y por ende competitivos. Claro así nada cambia y todo sigue su curso de deterioro.

Siguiendo con la idea del encuentro humanizado en búsqueda del bien común, que no es una fantasía sometible a los intereses de partes, cabeza y corazón necesitan ser transversalizados por lo ético. No hay otro camino humano. Si no sólo serán discusiones de intereses "económicos" o defensas de incompetencias encubiertas en supuestos argumentos de equidad y respeto de las leyes económicas de la empresa. La crisis requiere de novedades en la forma de revincularse los eslabones representados por personas creíbles, tanto por sus capacidades técnicas como por sus intenciones éticas de lograr lugares de encuentro para destrabar una de las bases productivas más competitiva que Argentina tiene y que describí hace un tiempo en el artículo de presentación del "Chacring". En él mencioné la armonía del "cluster" de pampa húmeda que es el que más conozco pero que podría ser extrapolado a otros sectores de la Argentina rural como la de los vinos, frutas, hortalizas, bosques, turismo, etc. Si hasta la minería y el petróleo salen de nuestra tierra.

Habíamos logrado agregar valor bastante armoniosamente a nuestros recursos naturales con tecnología, financiamiento y el espíritu joven y emprendedor de nuestros "chacrers" y sus colaboradores. Que se juegan todos los años en toma de decisiones, de riesgo sin red, de subsidios y compensaciones cuando fallan las cosechas. Es cierto que hay ahora algunos confundidos en el juego argentino de pasarle el problema a otro con la pesificación asimétrica y loca que el gobierno planteó. Confundidos con la resolución 10 para los insumos, con el 90/1