Reservas, en el nivel más alto desde junio
Cuatro meses después, el arqueo de caja del Banco Central (BCRA), para alivio de todos los que esperan que la crisis comience a dar respiro a los argentinos, dio igual.
Sumando las disponibilidades en oro, divisas, colocaciones a plazo y otros, las reservas internacionales en poder de la entidad monetaria llegaron el lunes (último dato disponible) a US$ 9629 millones, el mismo monto que atesoraba al 28 de junio pasado, es decir, el momento justo en que se aceleró el deterioro por pagos a los organismos internacionales de crédito y saldo negativo de las intervenciones en la plaza cambiaria, con la intención de estabilizar el tipo de cambio.
Ese proceso llegó a reducir ese saldo por debajo de los US$ 8900 millones a poco de comenzar agosto.
La política más agresiva de recuperación de reservas se activó cuando el Gobierno se pertrechaba para un escenario de no acuerdo con el FMI, lo que dio lugar a la aparición del denominado plan candado, en alusión a las restricciones impuestas para la compra y el giro de divisas al exterior.
Esa apuesta le permitió al BCRA realizar en el período julio-septiembre compras netas de divisas por US$ 700 millones en la plaza local. Sin embargo, ese saldo favorable no se reflejó en las reservas, ya que los pagos girados a los organismos ayudaron a reducir en US$ 220 millones esa cuenta.
El proceso de traslación de los beneficios de la intervención cambiaria a las reservas quedó en evidencia durante este mes, cuando el Gobierno decidió cerrar el grifo de los pagos hasta no definir la negociación con el FMI.
Esa decisión, respaldada por el giro positivo que tomaron las conversaciones, le permitió al BCRA alzarse en lo que va del mes con US$ 371,8 millones (ayer sumó otros US$ 58,1 millones), pese a que en el mismo lapso la cotización de la divisa retrocedió un 4% hasta su piso actual de $ 3,64 en el mercado libre. Y permitió que en 20 días del mes la cuenta de reservas, que arrancó en US$ 9426 millones, creciera en US$ 203 millones, con tendencia a engrosarse más en los próximos días.
En ese contexto, el debate que despunta es la actitud que debería tomar el Gobierno, tras haber logrado su objetivo de recomponer la caja del BCRA. Por lo pronto, en la entidad monetaria creen que están dadas las condiciones para entornar la ventanilla de compras, lo cual, en un escenario como el actual, redundaría en una baja mayor en el valor de la divisa. Pero el ministro Roberto Lavagna sorprendió días atrás al explicar su preferencia con un dólar estable aunque alto antes que otro más volátil. "Es obvio que con la cantidad de reservas que se están acumulando hoy el dólar podría estar más barato, pero preferimos que no lo estuviera, sino que hubiera una cierta estabilidad; por eso hay intervención comprando y no vendiendo", indicó.
Algunos economistas ven en esta actitud del ministro una preocupación por los menores ingresos que le aportaría al fisco (vía retenciones a las exportaciones) una baja mayor del dólar. Y lo relacionan con la poca predisposición para hacer una reingeniería del gasto público, en momentos en que los egresos tenderán a crecer para honrar la restitución del 13% recortado en los salarios de jubilados y empleados públicos y la puesta en marcha de la maquinaria electoral presionará sobre la caja.
Los economistas coinciden en señalar que la inconsistencia actual que exhiben las variables no es sostenible en el tiempo. Aluden así a la amplia breca que se abrió entre el tipo de cambio y el comportamiento que hasta aquí exhiben los precios minoristas (39,7% acumulado hasta septiembre) y mayoristas (121,2% en el mismo lapso).
Recomiendan que baje
Ayer, los técnicos de la Fundación Mediterránea sumaron un dato para esta polémica. En su habitual reporte semanal sostuvieron que el dólar debería valer entre $ 3 y 3,30 para estar en línea
