Una nueva era

28deOctubrede2002a las08:06

Lula llega al Poder Ejecutivo luego de pasar por 3 derrotas: en 1989 frente a Fernando Collor y en 1993 y 1998 frente a Fernando Henrique Cardoso.
Durante todos estos años incrementó su conocimiento de los asuntos de Estado, participando activamente en la vida política y parlamentaria. Llega maduro, templado y confiado.

El PT, del que Lula fue uno de los principales fundadores en 1980, en sus más de veinte años de vida ha logrado elegir una quinta parte de los miembros de la Cámara de Diputados y el Senado y los intendentes de los municipios de San Pablo, Porto Alegre, Recife, Belem, Goiania y otras 180 localidades menores.
En las elecciones de ayer disputó la conducción de varios estados grandes.

¿Qué es lo que cambia, entonces, dentro del marco de la estabilidad democrática de Brasil? Primero, el hecho de que Lula es el primer dirigente de izquierda que accede a la presidencia de Brasil desde los principios de la década del ’60 con Jango Goulart. Recordemos que en aquel entonces los acontecimientos llevaron a la toma del poder por las fuerzas armadas. Lula también es el primer obrero que llega a presidente.

La historia personal de Lula no es frecuente entre los líderes políticos de su país. A los 12 años fue lustrabotas y cadete en una tintorería. A los 14 años consiguió su primer empleo en una empresa metalúrgica. Desde 1966 se dedicó a la actividad gremial, fundando el PT en 1980 y la Central Unica de Trabajadores (CUT) en 1983. En 1986 fue el candidato a diputado más votado de Brasil (no hay listas sábana allí).

En segundo lugar, está por verse cómo funciona el PT cuando su jefe asuma la presidencia. El PT llega al poder mediante una alianza con otras fuerzas, en especial el Partido Liberal, encabezado por José Alencar, que integra la fórmula con Lula. Es un hecho claro que, con las alianzas acordadas, el centro de gravedad del partido ha girado hacia el centro.

Pero es también cierto que en el PT coexisten ideas difíciles de armonizar sobre muchos temas de la agenda política, económica y social, del tipo de los que los argentinos vivimos durante el gobierno de la alianza que gobernó durante los años 2000 y 2001.

Existe un ala izquierda del PT que tiene temores de que lo ocurrido en la Argentina pueda pasar en Brasil y que, habiéndose mantenido en prudente silencio durante la campaña electoral -en aras de la unidad de la campaña- reaparecerá tarde o temprano.

El gran tema sobre el que no existe acuerdo ni en Brasil ni en los demás países de la región es el del modelo de desarrollo, en particular el del llamado Consenso de Washington, que fue aplicado durante la década de los ’90 en la región.

Se trata de saber qué elementos de ese consenso deben ser preservados y cuáles dejados de lado, teniendo en cuenta los retrocesos de la crisis argentina y de las muy bajas tasas de crecimiento logradas en Brasil en el último decenio. En este debate el ala izquierda del PT tendrá una participación muy decidida y activa.

El último líder democrático que logró altos niveles de crecimiento económico en Brasil fue Juscelino Kubitschek, quien gobernó entre 1956 y 1960. No es casual que Lula desee situarse históricamente cerca de Juscelino haciendo frecuente referencia a su “plan de metas”, que implica un cierto grado de planificación económica.

Lula, que hará su primer viaje como presidente electo a Buenos Aires, está dispuesto a fortalecer la alianza estratégica con la Argentina, a profundizar el Mercosur, a mantener una relación madura con los EE.UU. y a negociar como bloque un ALCA que implique concesiones equivalentes para las partes.

Además, de realizar enormes esfuerzos para que Brasil pueda mejorar su distribución de la riqueza y el ingreso que constituyen objetivos centrales. Hago votos para que tenga éxito.

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