La indefinición política frena acuerdo con el FMI

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31deOctubrede2002a las08:18

La incertidumbre política de la Argentina se instaló definitivamente en Washington y pasó a ser una de las trabas centrales para cerrar el acuerdo con el FMI. El ministro Lavagna admitió ayer lo que es el consenso incuestionable aquí: el contexto político no ayuda a acelerar los tiempos para el acuerdo.

La política es, decididamente, el gran interrogante hoy en los factores de poder de los Estados Unidos. Fuentes del FMI y del gobierno norteamericano consultadas por INFOBAE plantearon una serie de interrogantes, que son los que se le han trasladado ya a la administración de Duhalde y que Lavagna escuchará hoy cuando llegue a Washington a negociar con el Fondo.

Las preguntas son las siguientes: ¿estamos negociando con un gobierno que se va en seis meses, en ocho o en un año? ¿Qué gobierno habrá cuando haya que hacer la primera y la segunda revisión del acuerdo que eventualmente se suscriba en estos días? Pero fundamentalmente, ¿hasta dónde puede asumir compromisos este gobierno de transición?

Sin respuesta
Se trata de interrogantes que, obviamente, Lavagna no puede despejar. En el Fondo y en la administración Bush observan con cierta inquietud la profundización de las disputas políticas y la estrechez de margen con que cuenta el ministro para negociar en este terreno.

Es cierto que las medidas anunciadas ayer caminan en la dirección requerida por el Fondo, pero cabe preguntarse ante este nuevo distanciamiento si las cuestiones técnicas no son finalmente la excusa para demorar un acuerdo enredado esencialmente por causa de la incertidumbre política.

Los negociadores argentinos que llevan adelante las discusiones están convencidos, con todo, de que las controversias técnicas son el punto más conflictivo.

Especialmente, la renovada exigencia de mayor superávit fiscal, que se creía superada pero que ahora resurgió con fuerza.

De cualquier modo, Lavagna encontrará en los Estados Unidos los matices que a menudo le suelen habilitar luces de esperanza. En otras palabras, apelará al viejo recurso de acudir al Tesoro norteamericano en busca de apoyo para moderar la actitud más cerrada que viene mostrando el Fondo.

Un alto funcionario del gobierno norteamericano admitió ayer que desde la administración Bush se le pide al Fondo más flexibilidad con la Argentina. “No deben ser tan ortodoxos”, concedió.

Otros en el gobierno de los EE.UU. son más optimistas. Otto Reich, subsecretario para Asuntos Latinoamericanos, pronosticó un pronto acuerdo con el Fondo y añadió: “Hemos visto señales de recuperación en la Argentina que son alentadoras. Es un país aliado de los Estados Unidos y a todos les conviene que se recupere”.

Reich enumeró como señales positivas el aumento de la recaudación impositiva y la mejora en el sector agropecuario. Y remató: “El pueblo argentino ha tenido mucha fuerza para aguantar una contracción económica que fue el doble de lo que fue la de los EE.UU. en la depresión de los años ’30”.

Para Reich, las escaramuzas políticas acaso no sean tan relevantes. “La crisis en la Argentina es básicamente financiera”, destacó, y enfatizó que es imprescindible que se reconstituya el sistema bancario para que pueda comenzar a financiar adecuadamente a la industria.

Son matices que, en verdad, no alteran una percepción generalizada en Washington: cómo hará la Argentina para encontrar la salida si aún no cuenta con una clase política apta para liderar el cambio. Lo señaló ayer Marc Falcoff, del American Enterprise Institute. Lo comparten casi todos.

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