La competitividad también es para las instituciones

21deMarzode2003a las08:18
 “No hay ocasión en que desde las esferas oficiales se recuerde que nuestros agricultores son los más competitivos del mundo”, poniéndolos como ejemplo de cómo ser eficientes sin el fuerte esquema de subsidios que tienen los productores de los países desarrollados.

Y sin embargo, ¿qué hacen o hicieron nuestros gobernantes por la competitividad del empresariado agropecuario? Es que así como se puede ser tecnológica, logística y gerencialmente competitivos, también deberíamos ser los argentinos institucionalmente competitivos.

Más allá de los presupuestos que puedan asignárseles a las instituciones vinculadas con la actividad agropecuaria, que pueden ser muy escasos o muy grandes según en comparación de qué, hay una faceta que no depende del presupuesto sino de la visión de la gestión institucional que lleva adelante un gobierno.

Funcionarios veloces
Desde marzo de 1995 a la fecha, los Estados Unidos han tenido dos secretarios de Agricultura: Dan Glickman hasta el 19 de enero de 2001 y, de ahí en adelante, Ann Vaneman. ¿Cuántos ha tenido la Argentina? Diez, a saber: Felipe Solá, Gumersindo Alonso, Ricardo Novo, Antonio Berhongaray, Víctor Savanti, Marcelo Regúnaga, Jesús Leguiza, Miguel Paulón, Rafael Delpech y Haroldo Lebed. O sea, uno cada nueve meses y veinte días, en promedio.

En una empresa privada a nadie se le ocurriría tomar un gerente con un horizonte de diez meses, pero evidentemente los administradores de la Nación no piensan igual.

El problema no es que solamente roten los secretarios, sino también los subsecretarios y funcionarios vinculados políticamente con la gestión, con lo cual cada cambio de timón se lleva consigo una oleada de puestos que tienen que ser nuevamente asignados, con la consiguiente pérdida de eficiencia en la gestión.