Fondo: Lavagna ya hace borradores

Si continúa su gestión, no prevé pedir recursos frescos. La idea cayó bien a los enviados. Igual sugerirían un plazo más corto para un futuro stand-by

08deMayode2003a las08:02

Tras las declaraciones de la vicedirectora gerente del FMI, Anne Krueger, quien reconoció su “sorpresa” por el proceso de estabilización sin hiperinflación de la economía argentina, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, ya se proyecta firmando, dentro de unos meses, el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario.

Sus colaboradores más cercanos, principalmente en la Secretaría de Finanzas, que dirige Guillermo Nielsen, comienzan a prepararse para cuando llegue ese momento -siempre bajo el supuesto de un triunfo de Néstor Kirchner en el ballottage del 18 de mayo, que dan por descontado- y estudian desde hace varias semanas las alternativas del nuevo programa más convenientes.

La intención de Economía, que incluso ya sondeó tibiamente con John Dodsworth, el enviado del FMI que se pondrá al frente de la próxima negociación, es firmar un stand-by a tres años de plazo que no incluya fondos frescos pero sí la renovación de todos los vencimientos con los organismos hasta el 2006.

Del BID y del Banco Mundial, imaginan en el equipo económico, podría llegar la asistencia necesaria para avanzar en reformas estructurales o “financiar proyectos productivos”.

“Para el nuevo acuerdo no vamos a pedir fondos, como se hizo siempre, en definitiva para pagar gastos corrientes o la deuda. Si viene algo de dinero, será del BID o del Mundial, pero para proyectos productivos que sirvan para apuntalar la reactivación”, aseguró a Infobae uno de los habituales negociadores ante el FMI.

La intención, anunciada en los planes de gobierno de Kirchner, es que el aporte de los organismos se destine a los proyectos de obra pública prometidos al sector de la construcción.

Una cuestión de tiempo
La iniciativa de no pedir al FMI nuevo financiamiento cuenta con el visto bueno de las autoridades del organismo, ya que reduce ampliamente su exposición en el país.

Con menor agrado se analiza, sin embargo, el plazo de tres años que en Economía consideran ideal.

En general, los acuerdos de stand-by se conceden a dos años de plazo, período en el que se deben realizar determinadas reformas estructurales además del cumplimiento de las metas fiscales y monetarias. Pero Lavagna ya hizo cuentas y, dado que no prevé negociar aportes de fondos frescos, considera que tiene margen para pedir una renovación de vencimientos por un total de u$s12.700 M. Es esa la cifra que se debería abonar desde septiembre de este año hasta el 2006.

Además, un programa a tres años cubriría prácticamente todo el mandato del próximo gobierno, que vencerá en diciembre del 2007.

Pero en el Fondo hacen cuentas distintas. Según trascendió de fuentes oficiales, el plazo que evalúan en principio sería un año y medio, algo tan poco habitual como el acuerdo por ocho meses concedido al gobierno de Eduardo Duhalde en enero. En ese caso, se renovarían sólo los vencimientos del último cuatrimestre de este año y de todo el 2004, por un total de u$s6.500 M.

Un programa de menor plazo implicaría un riesgo también menor para el organismo donde, si bien se extiende el reconocimiento a Lavagna, se sigue dudando de la “voluntad reformadora” de Kirchner.

En ese sentido, un plazo de un año y cuatro meses se considera “prudente” en Washington. Ese tiempo sería más que suficiente para verificar no sólo las intenciones sino la capacidad del próximo gobierno para avanzar en las cuestiones más sensibles que heredará. Por caso, la salida del default.

Precisamente, la renegociación de la deuda externa es uno de los puntos que más dudas genera en la comunidad financiera internacional, que teme un ritmo demasiado lento para la reestructuración. Una percepción similar existe sobre la reforma del sistema

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