El campo cosecha la suba de precios por la devaluación

De dos años a esta parte, los ingresos del sector agropecuario registraron una fuerte mejoría en casi todas las regiones del país.

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14deMayode2003a las08:46

De dos años a esta parte, los ingresos del sector agropecuario registraron una fuerte mejoría en casi todas las regiones del país, que devolvió cierta rentabilidad a las empresas rurales y comenzó a poner límites al éxodo de productores que caracterizó los años 90. La devaluación de enero de 2002 fue el detonante, pero a este proceso de recomposición sectorial ayudaron otros factores, como las subas de algunos precios externos.

Hay casos extremos, como el de la miel, cuyo precio al productor saltó 578% entre abril de 2001 y abril de este año, según un relevamiento realizado por la Secretaría de Agricultura. Pero en el común de los productos la mejoría se ubica entre 100 y 250%, más en sintonía con la depreciación que sufrió el peso, que actualmente se ubica en torno al 180% (ver infografía).

Aunque importante, esta suba de los precios al productor no supone linealmente una mejora de la rentabilidad, ya que una buena parte de estos mayores ingresos son transferidos a otros sectores a partir de dos decisiones tomadas por Economía tras la devaluación. La primera fue la dolarización del valor de los insumos. Y la segunda, la reimplantación de retenciones a la exportación, mediante las cuales el Estado se queda con el 5 al 20% del valor de cada embarque.

Es innegable, sin embargo, que esta recomposición de precios ha sido para las empresas rurales una dosis de oxígeno. En el campo, la década pasada se caracterizó por una rentabilidad magra o nula para el productor, salvo situaciones excepcionales de oferta y demanda. Como consecuencia, según datos del INDEC, desaparecieron 100.000 explotaciones rurales, la cuarta parte de las que existían en 1988.

La contracara de este proceso fue el fuerte salto del costo de vida. La mayor parte de los argentinos —sin aumento de los salarios o sin empleo— hoy deben pagar por una canasta básica de alimentos el 76,2% más que antes de la devaluación.

De acuerdo a los datos oficiales, la suba de los precios al productor se hace más visible en aquellas actividades que trabajan de cara a la exportación. Es el caso de los granos pampeanos, con la soja a la cabeza, ya que dos terceras partes de la cosecha se vuelcan al mercado externo. En este rubro, además, se produjo una mejora de las cotizaciones internacionales.

Pero la situación se reproduce en muchas economías regionales exportadoras: además de la miel, la lana patagónica subió 169%, el ajo mendocino creció 171%, las peras y manzanas rionegrinas más de 250%, el poroto negro del NOA un 183%, y el limón tucumano un 300%.

Hay productos cuyo destino principal es el mercado interno, pero que han seguido el ritmo de los exportables. La leche y el ganado vacuno, por caso, subieron 181 y 117%, respectivamente, debido a una merma notoria de la producción. El algodón del Chaco es otro ejemplo: la cosecha de 2003 fue tan escasa que casi no aportó volumen para exportar, pero la industria textil necesita reemplazar importaciones y los precios al algodonero saltaron casi 500%.

En otras actividades, en cambio, la sobreproducción y la falta de mercados licuaron los beneficios de la devaluación. El ejemplo más claro es el del té misionero, que luego de subir de 0,06 a 0,19 pesos por kilo en 2002, volvió a caer estrepitosamente en la última cosecha.

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