Trigo: se viene una campaña pensando en usar fungicidas

El costo del tratamiento contra enfermedades ronda los u$s25/hec. Recomiendan monitorear los lotes para aplicarlos

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23deMayode2003a las09:44

Los productores del sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires enfrentan un interrogante con la campaña triguera que se les viene encima: dejar pasar la siembra y apuntar a soja de primera o maíz, o intentar por el lado del doble cultivo trigo/soja, con un precio del cereal a enero 2004 que no está del todo mal y que registra una leve, pero sostenida, suba en los últimos días.

Sin embargo, a una semana de que comience la época de siembra para las variedades de ciclo largo, los problemas para llevar adelante la última de las opciones son dos: a) la excesiva humedad que hay en los lotes y, b) el hecho de que la mayoría de los cultivares más promisorios para la región quebraron su resistencia, en particular a roya de la hoja, en la última campaña.

Respecto de la falta de piso, los productores pueden esperar hasta la segunda quincena de junio y reemplazar las variedades de ciclo largo por las de ciclo corto, cuya época de siembra se prolonga hasta mediados de julio. Sin embargo, fue precisamente el cultivar de ciclo corto Klein Don Enrique, muy difundido en la región, uno de los que se vio más afectado por las enfermedades en el 2002.

“El problema es que si bien puede haber una oferta relativamente amplia en ciclos cortos, y con su perfil sanitario ya determinado, no hay experiencia en el gran cultivo como para conocer su comportamiento real”, observó el ingeniero Diego Maranesi, especialista en fitopatología y productor de la zona, en diálogo con Infochacra.

La pregunta entonces pasa a ser: ¿es posible jugarse a utilizar una variedad que quebró su resistencia, apostando al control de enfermedades mediante fungicidas?

Para el técnico la respuesta es afirmativa. Sin embargo, el aspecto clave en este caso es la precisión en el momento de aplicación del tratamiento, considerando que el costo del tratamiento ronda los u$s25 por hectárea. “Una aplicación hecha a destiempo es doblemente perniciosa: la pérdida de rendimiento, porque el daño ya está hecho, por un lado y el costo de un tratamiento que no sirvió para nada, por el otro”, dice Maranesi.

Mucho en juego
El litro de un fungicida de última generación se ubicó el año pasado, en plena campaña de fina, en torno de los u$s41,50, pero el costo por hectárea, que depende de la dosis, puede variar entre 20 y 25 dólares. A este valor hay que sumarle unos u$s4 más por hectárea de la aplicación. Quiere decir que se necesitan unos 270 kg/ha de trigo extra, libre de gastos de comercialización, para que se justifique la aplicación de los productos.

“Es muy difícil hablar de la respuesta esperada al tratamiento con fungicidas, pero un valor promedio podría ser entre 300 y 400 kg/ha”, dice el técnico. Por eso recomienda realizar el monitoreo semanal de los lotes, desde el momento en que se implantan, para que la aplicación del terápico tenga la máxima eficiencia posible.

Este servicio cuesta entre 30 y 40 kg de trigo por hectárea, o sea unos u$s4/hectárea. “Es muy importante el monitoreo permanente, porque no se puede fijar un estado fenológico como óptimo para la aplicación del producto, ya que ello varía según la campaña y el cultivar. El año pasado, por ejemplo, los lotes con Don Enrique ya mostraban las pústulas de roya de la hoja en el macollaje, lo que habla de la severidad del ataque”, precisó. Esto tiene que ver también con el tipo de producto a utilizar, en cuanto a la residualidad o incluso si es necesario hacer dos aplicaciones.

“En ese caso hay que evaluar la magnitud del daño, el rinde estimado, el potencial del cultivar y decidir en función de ello. Ha habido casos en que la recomendación, en función del retorno esperado, fue no aplicar fungicidas”, se sinceró el técnico.


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