Brasil cumplió las pautas acordadas con el Fondo

Sin embargo, la economía está en recesión

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02deAgostode2003a las08:42

SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- El argentino Jorge Márquez Ruarte, jefe de la misión del Fondo Monetario Internacional en Brasil, va a recomendarle al directorio de ese organismo la aprobación de una nueva revisión del acuerdo con el país.

Sin embargo, el desgaste político que le está causando al gobierno la aprobación de las reformas del Estado (previsional y tributaria) formó una nube negra sobre la economía. Aumentó la compra de dólares para protección y creció el riesgo país, que subió casi un 4% y llegó a 820 puntos. El dólar rompió nuevamente la barrera de los 3 reales y cerró a 3,035 reales. Si bien los exportadores festejan, por la ganancia de competitividad, la devaluación del real fue explicada en el mercado como una caída de las expectativas en la economía brasileña, sumergida en un cuadro recesivo.

Márquez Ruarte pasó la semana revisando las metas del acuerdo realizado por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso el año pasado, que se extiende hasta diciembre próximo. A cambio de un superávit primario de 4,25% -principal meta- Brasil recibió un crédito de US$ 30.000 millones. Como demostración de responsabilidad fiscal, el gobierno del Partido de los Trabajadores le presentó al enviado del Fondo un superávit acumulado de un 5,41% en las cuentas públicas.

La revisión fue casi un trámite, ya que Brasil viene superando las metas y la relación entre el equipo económico y el FMI es inmejorable, aunque un punto defendido por el gobierno quedó en el tintero: que el FMI no cuente las inversiones en infraestructura como gasto, sino como inversión.

Según la visión de Márquez Ruarte, "la política fiscal del país está sólida, las tasas de interés están bajando, la inflación está dirigiéndose hacia las metas y, por lo tanto, la economía brasileña ya tiene condiciones de retomar el ritmo de crecimiento". El optimismo del FMI se aleja cada vez más de la percepción local, donde el desempeño pobre de la economía real (el PBI crecerá entre un 1 y un 1,5% y la economía está prácticamente paralizada) comienza a causarle al gobierno una pérdida de capital político.

Crecen los cuestionamientos

Legisladores del Partido de los Trabajadores, abiertamente o con una molestia silenciosa, se oponen a las políticas ortodoxas del gobierno; los sindicatos demuestran día tras día más descontento con el desempleo cada vez mayor; empresarios e industriales se quejan de la caída del consumo y la producción; movimientos sociales como los sin tierra y los sin techo radicalizan sus acciones. Por último, la oposición dio por terminada la tregua del comienzo del mandato y está criticando abiertamente una especie de confusión administrativa que parece vivir el gobierno de Lula.

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