El problema de negociar con la Argentina

El reto del FMI y la propia actitud de las autoridades locales dejan completamente al descubierto por qué anteayer John Dodsworth no se subió al avión que lo traería de Washington hasta que estuvo seguro de que Diputados aprobaría las leyes requeridas.

29deAgostode2003a las08:41
En su lenguaje diplomático, el Fondo dijo ayer que los argentinos no han perdido las viejas mañas y que las ejercitan hasta con el propio organismo.

La inflexible número dos del FMI, Anne Krueger, siempre planteó que con la Argentina había que cambiar la vieja política de "prometer un montón de cosas y firmar de inmediato un acuerdo". La exigencia de Krueger fue: "Cumplan primero y después firmamos".

Y cuando en enero pasado las presiones políticas hicieron que finalmente hubiera acuerdo, la conducción del organismo dijo en forma pública, en un hecho inédito, que no estaba del todo de acuerdo.

Probablemente el incumplimiento de la Argentina en junio ha significado una secreta revancha para la dura negociadora que representa con todo entusiasmo a los más duros republicanos, en materia económica, del gobierno de George Bush.

Sorprendente


Ha sido insólito también que la reprimenda se haya hecho pública. Según los funcionarios de Washington, se trata de las nuevas políticas de transparencia. En el pasado, quejas similares existieron, pero jamás aparecieron en un comunicado de prensa que, encima, hasta detalla los artículos del estatuto del organismo que se infringieron. Todo para terminar otorgando una dispensa o perdón.

Parece una devolución de gentilezas a Lavagna, al que le gusta recordar que las metas fiscales se sobrecumplieron -lo que el FMI reconoció- y que el organismo estaba equivocado en sus proyecciones sobre el país. También, como Eduardo Duhalde cuando era presidente, ha reprochado a la conducción del organismo con un desafío el no haber ayudado antes: "La Argentina demostró que podía salir sola de la crisis".

Además, es claro que la decisión de hacer público el reproche y conceder el perdón y el desembolso se adoptó el miércoles, y no se hizo pública hasta el otro día. Pareció un intento de asegurarse de que a último momento no cambiaran las cosas en la Cámara de Diputados.

Al ministro tal vez le haya quedado una sensación agridulce, por el reconocimiento del logro en exceso de la metas fiscales y el tirón de orejas público. Parecería que para lograr el acuerdo de mediano plazo ha debido, como dicen los políticos, "tragarse un sapo".

Lavagna era un declarado enemigo de la indemnidad de los directores del Banco Central que actúen en reestructuraciones de entidades. "Lo piden porque quieren hacer pastelería", dijo muchas veces. Esta vez, ganaron los pasteleros.
<>Por Jorge Oviedo