Kirchner y los riesgos de Washington

Si el acuerdo venía encaminado pero con los riesgos de una negociación dura con poderosos, ¿por qué el presidente Kirchner corrió el riesgo de poner el pecho a una batalla que no define la guerra? La pregunta no tiene respuesta fuera del paradigma del “estilo K”.

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09deSeptiembrede2003a las08:34

Por Darío ’Atri / Corresponsalía

Si el acuerdo venía encaminado pero con los riesgos de una negociación dura con poderosos, ¿por qué el presidente Kirchner corrió el riesgo de poner el pecho a una batalla que no define la guerra? La pregunta no tiene respuesta fuera del paradigma del “estilo K”.

Aunque el Ministerio de Economía claramente exageró su optimismo el jueves último, cuando dio a entender que el acuerdo era un hecho, es difícil creer que no haya transmitido al Presidente el estado real de la situación. En consecuencia, hay que creer que Kirchner justamente tomó las riendas de las negociaciones por lo complicadas que venían.

La figura del Presidente quedó así, desde el último viernes, ligada directamente al éxito o fracaso de la negociación. Una jugada que el mercado y los analistas no comprenden, dado que la presencia de Kirchner terminará magnificando el significado de una posible falta de acuerdo inmediata, que, en rigor de verdad, no es tan grave como parece. Ayer, el mercado se pasó el día esperando un comunicado del FMI que no llegó y mascullando al mismo tiempo los hechos del fin de semana, que mostraron al Presidente haciendo cosas que debería dejar en manos de su ministro de Economía.

Lavagna conoce mejor que nadie los límites que tiene la actual negociación en relación a la que encabezó en tiempos de Duhalde: Argentina ya no es considerado un país en emergencia, por lo que no obtendrá los favores de antaño. Si Estados Unidos sigue presionando al directorio del FMI para que firme, no lo hace de la misma forma que lo hizo en diciembre último, cuando obligó a un acuerdo que el staff nunca hubiera firmado.

El directorio del FMI tiene 24 miembros: siete son importantes, en especial Estados Unidos. De los otros seis claves (Gran Bretaña, Italia, Alemania, Francia, Canadá y Japón), Gran Bretaña es clara en promover un acuerdo de largo plazo pero con metas cumplibles. Canadá y Japón son relativamente prescindentes, con lo que quedan Francia, Alemania e Italia como huesos duros de roer. España ocupa un sillón secundario del board de 24 miembros, compartido con otros países, y no tiene en este juego el peso de los siete grandes. Conociendo ese terreno, Argentina debió apelar al buen tacto de Lavagna para encarrilar la negociación con Francia, Alemania e Italia, y no correr el riesgo de tener a un Presidente que puede pagar un costo altísimo si fracasa el acuerdo en la primera fecha límite: hoy.

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