Brasil negocia otro plan con el FMI

Quiere incluir metas sociales, como asistencia a los "sin tierra" e inversión pública.Lula buscó diferenciarse en todo momento de la actitud del gobierno argentino ante el Fondo.Sólo cuando el acuerdo era un hecho Lavagna recibió un llamado desde Brasil.

12deSeptiembrede2003a las08:08

SAN PABLO.- El gobierno brasileño intentó despegarse hasta el último momento del escenario caótico que se veía venir ante un nuevo default en la Argentina. Apenas la tormenta se disipó, y ante el riesgo de jugar en la región el papel de aquel alumno excesivamente adulador de la maestra, Brasil filtró la información de que ahora también negocia un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que incluya metas sociales.

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva autorizó la semana pasada el inicio de una nueva negociación con el Fondo, pero sólo ayer, después del cierre del acuerdo argentino, trascendió que se incluirán en él metas de asistencia a campesinos "sin tierra" y de aumento de la red sanitaria del país. Brasil quiere también que el FMI no cuente como gasto público la inversión de algunas firmas estatales. Sin embargo, lo que le es más caro al FMI permanece: 4,25% del PBI de superávit fiscal, un ahorro que para ser cumplido vació el presupuesto de prácticamente todos los ministerios.

Ayer, sin embargo, el ministro de Planeamiento de Brasil, Guido Mantega, veía la situación desde otro punto de vista: "Nosotros estamos en una situación mucho mejor. Con una meta de superávit de 3% (a los argentinos) les va a llevar mucho más tiempo resolver la deuda. Pero es lo que pueden hacer. Están en el límite".

Lo que Lula ya gastó en pago de intereses de deuda este año equivale a 55 veces lo invertido en el programa social estrella, el plan Hambre Cero. Eso llevó a Celso Furtado, uno de los economistas más prestigiosos de Brasil, vinculado históricamente con el PT, a sugerir una salida "a la Argentina" para la deuda, con una negociación más dura frente a Washington.

Lula ignora semejante recomendación y mantiene una disciplina fiscal impecable a los ojos del FMI, inimaginable años atrás para un gobierno del PT. La última revisión del acuerdo mostró la semana pasada que, mientras el FMI había establecido como meta un superávit fiscal primario de 4,25% del PBI, Brasil obtuvo 5,05%. Hasta el año pasado, la meta de 3,75% acordada por Fernando Henrique Cardoso era considerada asfixiante por el Partido de los Trabajadores.

Ni un llamado

El martes, cuando el default en la Argentina ya era un hecho, no hubo ni una sola llamada a Buenos Aires del gobierno brasileño. Apenas al día siguiente, al asomarse una solución, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, recibió una llamada solidaria de Antonio Palocci, el ministro de Hacienda de Brasil -de Lula, ni una comunicación y menos aún una declaración pública-. El susto que se llevó Brasil con la noticia hizo que sus autoridades, orgullosas de la diferencia entre Brasil y la Argentina, se mantuvieran petrificadas.

Era la continuación del miedo al viejo "efecto tango", que se cristalizó durante las elecciones presidenciales. El año pasado, la frase del oficialismo de Fernando Henrique Cardoso era: "Para que el país no sea otra Argentina, vote José Serra". Fue cuando Lula pronunció una de sus frases que más dolores de cabeza le dio durante la campaña: "Brasil no es una republiqueta, Brasil no es la Argentina".

Geográficamente cerca, para el FMI, Brasil y la Argentina están a años luz de distancia. Mientras el gobierno argentino endureció su negociación, Lula continúa viviendo su luna de miel con Washington y recibió ayer el depósito de una nueva cuota de crédito, por US$ 4100 millones (parte del acuerdo de 30.000 millones firmado por el gobierno anterior). El nuevo acuerdo no necesitará ser tan voluminoso -se habla de unos 10.000 millones, a efecto de blindaje en caso de crisis externas-.

Claudio Loser, ex negociador de

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