La industria oleaginosa vuelve a pensar en nuevas inversiones

Producción. La decisión de Molinos de vender sus empresas lácteas para focalizarse en la soja anticipa las movidas de la industria aceitera.

06deOctubrede2003a las08:01

El aumento de la producción primaria impulsa nuevos proyectos en el principal sector económico de la región.

La reciente decisión de Molinos de vender la fábrica de leche Molfino a un grupo canadiense habla de los cambios que vive el negocio lácteo pero más habla de las movidas que se vienen en el mercado de la soja. Es que buena parte de la plata obtenida por la operación será volcada a realizar nuevas inversiones en la planta de procesamiento de oleaginosas y puerto de embarque que el grupo Pérez Companc tiene en San Lorenzo.

Esta suerte de "sojificación a nivel industrial" pone en foco a un sector que, dentro de un contexto general en el que las inversiones se hacen a cuentagotas, se mueve con un ritmo propio, determinado más por el mercado mundial que por las condiciones internas.

El complejo oleaginoso, que este año podría ingresar divisas por encima de los 6 mil millones de dólares, es una de las pocas cadenas productivas argentinas que juega en primera división a nivel global. Y las perspectivas de mercado para el mediano plazo dan soga para pensar en una onda inversora de menor magnitud pero características parecidas a las que vivió el sector en la primera mitad de los 90, cuando movilizó inversiones por un monto superior a los mil millones de dólares. La mayoría en Rosario, donde se concentra casi el 70% de la molienda y exportación de soja y derivados.

Según proyecciones de la Fundación Producir Conservando, un think tank que reúne a las principales compañías agropecuarias, la cosecha de soja (35 millones de toneladas en la última campaña) podría alcanzar fácilmente las 45 millones de toneladas hacia el fin de la década, o quizás antes. Esta cifra se eleva a 50 millones si el girasol, la otra oleaginosa de peso, sale de terapia intensiva. Este crecimiento de la producción, según el mismo análisis, pone al sector frente a dos alternativas: incrementar la exportación de poroto sin procesar o ampliar sustancialmente la capacidad de molienda.

Quiere el estudio que, si pretende mantener el nivel de industrialización promedio de un 80% de los granos cosechados, la capacidad de molienda debería incrementarse hacia el fin de la década unas 9 millones de toneladas anuales desde las 30 millones de la actualidad. Esto significa, aseguran, el equivalente a seis nuevas plantas de 5 mil toneladas hasta el 2010, con una inversión bruta calculada en 250 millones de dólares.

Pero estos datos no incluyen la infraestructura que acompaña a la cadena agroindustria más expansiva del país. A nivel privado, puertos, transporte e instalaciones de almacenaje en las terminales, el sector intermedio (acopios y cooperativas) y el campo. A nivel público, profundización y extensión de la hidrovía, obras viales, proyecto Circunvalar y reactivación ferroviaria.

En el marco del ejercicio de simulación que prevé llegar a 100 millones de toneladas de granos y oleaginosas para final de la década, los analistas de la fundación consideran que hará falta una inversión cercana a los 1.900 millones de dólares en logística y almacenaje para "administrar" ese salto productivo.

El dato a tener en cuenta en esta danza de números es que la cabeza de este proceso está en Rosario, que en las 12 fábricas distribuidas en el cordón industrial se concentra entre el 65% y 70% de la capacidad teórica de molienda, de 30 millones de toneladas anuales. Al describir en general el proceso de inversión portuaria (más amplio que el rubro aceitero) en la región desde los 80, el gerente de la Cámara de Puertos Privados de la Argentina, Alberto Ramírez, explicó que 20 de las 34 terminales levantadas desde la irrupción de la soja en los 80, se pusier

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