Las sequías en el siglo XXI

Esta sequía que parece cortarse deja enseñanzas. Y, sobre todo, un regusto amargo. No tanto por las pérdidas económicas, que han sido cuantiosas, sino por las causas profundas de esta situación. Que no están en el clima. Ni en el Gobierno, aunque ahora debe actuar para atenuar sus efectos brindando ayuda a los afectados.

11deOctubrede2003a las07:32



Héctor A. Huergo
hhuergoclarin.com

Esta sequía que parece cortarse deja enseñanzas. Y, sobre todo, un regusto amargo. No tanto por las pérdidas económicas, que han sido cuantiosas, sino por las causas profundas de esta situación. Que no están en el clima. Ni en el Gobierno, aunque ahora debe actuar para atenuar sus efectos brindando ayuda a los afectados.

La sequía no es una catástrofe impredecible. Una cosa es que entre en erupción el volcán Hudson y la lava entierre miles de ovejas. O una inundación provocada por un meteoro inusual. Y otra muy distinta es que haya mortandad de hacienda porque alguien se quedó sin pasto por falta de lluvias.

Es cierto que el agro genera recursos enormes que el Gobierno captura para otros fines, entre ellos los sociales. Y que de allí debieran salir los fondos para atender esta emergencia. Pero también hay que decir, aunque no sea simpático, que no es justo atender con recursos generados por los productores competitivos, las necesidades de los que fueron poco previsores.

A un productor de Nueve de Julio se le murieron 600 novillos. A su vecino, un conocido cabañero, no se le murió ninguno. En el siglo XXI es inadmisible que se llegue al extremo de que, como se dice, se mueran 60.000 vacunos "por falta de pasto".

Los productores afectados tuvieron muchas chances antes de que comenzara a morir su ganado. Desde hace muchos años, en estas páginas se viene machacando con la "revolución forrajera", que llegó al país en paralelo con la revolución tecnológica de la siembra directa y la biotecnología. Desde estas páginas hemos desgranado uno a uno los sistemas de mayor impacto, desde los simples rollos de excedentes de primavera, hasta el silo de grano húmedo, pasando por el silopack, el silo de maíz planta entera, el henolaje embolsado y las mil formas en las que se puede conservar el forraje en cantidad y calidad.

Sin embargo, la fuerza inicial de los nuevos sistemas de conservación de forrajes fueron perdiendo presión, por la crisis de la lechería, la reincidencia de la aftosa y el consecuente encarecimiento de los equipos en términos de leche y carne.

Encima, el boom agrícola llevó a achicar la superficie ganadera. Muchos mantuvieron altas cargas al mismo tiempo que sembraban más, o entregaban lotes a los "chacrers" cada día más ávidos. Pero sin tomar la precaución de hacer reservas.

Esto remarca una inconsistencia crónica de quienes dicen defender "nuestro sistema pastoril". Para que funcione la ventaja competitiva de tener forraje barato. Lo más barato es el pasto. Pero el pasto de cada día no siempre está.

Por ejemplo, ahora, que falta simplemente porque no llovió. Los productores de avanzada están implementando sistemas que les permiten manejarse con independencia de lo que ocurra con el clima. En los trabajos presentados por Eduardo Pereda en el congreso Braford, por ejemplo, se exhibió un modelo en el que los terneros de destete se reciben y desarrollan durante el invierno con silaje de maíz, y recién van al campo a la salida del invierno. Contar con una buena base de silo le permite "atajar" mayor cantidad de terneros, sobre todo de terneros "cola", y sacarlos antes del segundo invierno igual que la cabeza.

Hay muchos productores que si no tienen campo para terminarlos, los mandan al encierre con granos. Ya sea e

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