El Gobierno reconoce que es un impuesto distorsivo

El Gobierno reconoce que las retenciones agropecuarias son un impuesto distorsivo, como también lo es el impuesto en las transacciones financieras o la elevada alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y, por lo tanto, tiene el firme propósito de ir eliminándolos gradualmente.

22deNoviembrede2003a las09:02

Pero esto dependerá en primer lugar, tal como lo ha dicho el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en muchas oportunidades, de que se consolide la situación fiscal y mejore la recaudación en forma sustentable; cuando se avance y se produzcan resultados en la lucha contra la evasión y la elusión impositiva, por la aplicación de impuestos como el que se estableció recientemente para la venta de cigarrillos, o por el impacto de la consolidación del crecimiento económico. Y también dependerá de que se puedan evitar efectos no deseados por variaciones en los precios del comercio exterior o del mercado cambiario, que también tienen un efecto distorsivo.

Hoy el nivel de tipo de cambio nominal todavía arrastra un sobreprecio, producto de la crisis, que, además, se combina con los elevados precios internacionales en los commodities agropecuarios que exporta la Argentina.

En el caso de la industria agroalimentaria, eliminar las retenciones daría una rentabilidad todavía mayor a un sector ya beneficiado por la coyuntura, con un costo que pagaría el conjunto de la sociedad en el nivel de precios.

¿Como se piensan ir reduciendo las retenciones a través del tiempo? Teniendo en cuenta lo anterior, creo que la forma y los tiempos en que se irán tomando estas decisiones dependerán de la evolución de la coyuntura.

Además, de la cuestión fiscal, el perfil exportador de la Argentina hace que los cambios en el nivel internacional impacten en forma directa sobre el consumo de la población, como sucedió con el aumento en el precio del crudo durante la guerra en Irak que, además, tenía consecuencias serias sobre el conjunto de la actividad.

Esto es así porque la mayoría de lo que comercializa el país son productos que también se venden en el interior, y los precios son los mismos en uno y otro caso.

Pero las variaciones tienen efectos sociales, que actualmente no se pueden desatender, e incidencia para el crecimiento.

De todos modos, el Gobierno y el equipo económico han dejado en claro en más de una oportunidad que el objetivo es disminuir la presión impositiva, porque aumentarla sería contrario al objetivo de lograr un crecimiento sostenido.

¿Tiene algo que ver la sustitución de siembra en todo esto?

No; creo que lo mejor para avanzar en la eliminación de las retenciones es hacerlo dentro de una estrategia de desarrollo regional en el nivel nacional, para lograr una nueva dinámica productiva, apoyando aquellas producciones que integren cadenas de valor para el comercio exterior y que tengan impacto importante en términos de empleo.

El sector agroindustrial es un ejemplo, ya que viene demostrando desde el cambio en los precios relativos un buen desempeño, con gran incidencia en las economías regionales y en muchos sectores que incorporan paulatinamente una mayor cantidad de mano de obra.

Aunque, este desempeño es mejor en las producciones de la pampa húmeda, que tienen más experiencia en la comercialización, el Gobierno ha generado condiciones para que otro tipo de producciones puedan aprovechar las ventajas del nuevo escenario.

Ya el año pasado, el equipo económico dispuso una serie de rebajas de derechos de exportación para productos agrícolas no cerealeros, como los cítricos, maníes, aceite de uva, hortalizas, verduras, legumbres, semillas de hortalizas, abejas reina y productos orgánicos.

Del mismo modo, el estímulo a las empresas pequeñas y medianas tiene una alta incidencia en este orden.

Con el tema de la expansión del cultivo de la soja, que hoy cotiza a precios internacionales altísimos,

Temas en esta nota