Brasil ratifica Cartagena y deja en offside a la Argentina

En cambio Canadá, Australia y los EE.UU. no lo han hecho. Los términos del Protocolo de Bioseguridad pueden complicar el comercio de commodities.

Por
23deDiciembrede2003a las08:07

Un día antes de que expirara el plazo para hacerlo, el gobierno de Brasil ratificó el Protocolo de Seguridad en Biotecnología, también conocido como Protocolo de Cartagena. Este acuerdo, que regulará el tránsito de organismos vivos genéticamente modificados entre países (que es el caso de los granos), dividió las aguas entre aquellos que buscan aumentar las regulaciones de etiquetado y trazabilidad, liderados por la Unión Europea y los exportadores de commodities, que ven a esas regulaciones como una traba al comercio agrícola.

Como uno de los principales vendedores mundiales de materias primas agropecuarias, se esperaba que Brasil se mantuviera en la misma posición que Canadá, Australia, los EE.UU. y la Argentina, de no ratificarlo. Pero el 24 de noviembre, para sorpresa de los argentinos, el gobierno de Lula decidió dar el sí.

“Esto es un problema para nuestro país, porque quiebra de alguna manera una política común en materia de biotecnología frente a la UE y otros países”, comentó a Infobae el doctor Ernesto Liboreiro, director del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI).

El protocolo fue firmado inicialmente por una cantidad de países, incluida la Argentina. Pero para que entrara en vigencia era necesario que al menos 50 de ellos lo ratificaran. Esto sucedió a mediados de este año, de manera que 90 días después, el 11 de septiembre, formalmente el acuerdo obtuvo su entidad.
En 60 días tendrá lugar en Kuala Lumpur la primera conferencia de las partes ratificantes del tratado. A partir de ésta y de las reuniones que la continúen, se espera que surjan las normas para el intercambio de OGM.

“Potencialmente, Cartagena podría generar dificultades. Si la Argentina quisiera aprobar el maíz resistente a glifosato, que no está aprobado por la UE, tendría un problema adicional de segregación, que nos podría descolocar de algunos mercados que para el país son importantes”, explicó Liboreiro sobre las consecuencias prácticas de este tratado. “El hecho de que se aprueben restricciones adicionales a nivel internacional, como la que existe de etiquetado y trazabilidad obligatoria en la UE, viene a complicar el comercio global”, agregó.

¿Ratificarlo o no ratificarlo?

En tanto, en el último informe mensual del INAI, se explican dos características que tendrán los términos que se acuerden en el marco del Protocolo de Cartagena:

1) Las partes ratificantes podrán exigir las normas que acuerden incluso a las partes que no lo hayan ratificado.

2) Se podrá aplicar el criterio precautorio para aprobar el ingreso de un transgénico determinado. Este criterio establece, básicamente, que lo que se debe probar es que es completamente seguro, en lugar de demostrar que conlleva algún riesgo.

La Argentina, que firmó originalmente el protocolo, tenía la posibilidad de ratificarlo. La estrategia elegida fue la de esperar a que otros países lo ratifiquen y mantenerse al margen hasta ese momento. A partir de su ratificación quedaban dos opciones: o ratificarlo para poder participar en la discusión y elaboración de las normativas, o no hacerlo y, eventualmente, tener que aceptar lo que allí se acuerde, considerando que la mayoría de los países que participan tienen una postura más crítica sobre los transgénicos. “En el sector privado argentino hay una decisión bastante unívoca de no ratificarlo, por lo menos momentáneamente”, sostuvo Liboreiro.

Temas en esta nota