Tipo de cambio, inflación y tasas, una ecuación que jaquea al Central.

El BCRA está forzado a preservar el valor del dólar sin afectar otras variables clave. Lavagna tiene un ojo puesto en el dólar y el otro en el cuello de botella energético...

25deJuniode2005a las08:37

El Banco Central se encuentra ante una ecuación difícil de resolver, al menos en este momento. Está obligado a comprar todos los dólares que se le ofrezcan, para mantener el tipo de cambio. Pero, a la vez, debe controlar la expansión monetaria para no crear expectativas inflacionarias. Y no puede apelar en exceso al recurso de subir las tasas de interés, porque podría enfriar la economía.

Como dice un analista ducho en lides parecidas a ésta: "Si deja caer el dólar, Martín Redrado se va a ligar un soberano reto del Presidente. Y si aumenta demasiado las tasas, en algún momento alguien le va a pasar la factura".

En esta situación de delicado equilibrio debe moverse el jefe del BCRA. Y en el intento por al menos preservarla, Redrado y algunos directores del Central apelan a otros recursos.

Hace algunas semanas se les pidió a los grandes exportadores que retuvieran divisas, o sea, que no abultaran más la oferta de dólares. El resultado no fue el que se esperaba, seguramente porque los exportadores creían que el dólar iba a bajar, como ocurrió, y que si no se deshacían de los suyos perderían plata.

Más recientemente, hubo gestiones ante banqueros fuertes del mercado para que tomaran las letras que ofrecía el Central, aunque pudieran obtener mayores rendimientos con otras operaciones. "Esta es una situación transitoria, que a fines de julio va a desaparecer", fue la explicación que se les dio.

Entremedio, reaparecieron al gunos pequeños escarceos en el propio directorio del BCRA. Básicamente, con aquellos directores del sector lavagnista para quienes, con la inflación bajo control, es preferible alguna expansión monetaria a fomentar un ascenso general de las tasas de interés.

En cualquier caso es difícil de evitar que, con un tipo de cambio clavado y casi garantizado, no haya operadores que liquiden divisas y aprovechen así atractivas tasas reales en dólares. Esto es, la reaparición de un ejercicio financiero conocido.

En el Central admiten que la situación es de "equilibrio complejo", pero no se ven allí señales de alarma, aunque continúen tomándose medidas para frenar la oferta de dólares o aspirar pesos. Creen que hacia finales de julio menguará la liquidación de divisas de los exportadores de granos. Y computan que en agosto el sector público deberá afrontar fuertes pagos de la deuda, lo cual significará colocar bonos, hacerse de pesos y luego comprar dólares.

Como está claro, para el Gobierno es clave mantener la señal de que se evitará, a todo trance, que el tipo de cambio caiga por debajo del entorno de los 2,90 pesos, aunque cueste acercarlo a los 3 que pretende el Presidente. Lo es para sostener el actual fuerte empuje de las exportaciones. Y también para contener importaciones que sustituyan producción nacional.

Gente que recientemente ha mantenido conversaciones más o menos reservadas con el ministro de Economía, ha notado en Roberto Lavagna alguna preocupación por el problema cambiario. Pero lo ven más atento a la resolución del cuello de botella energético.

En opinión de Lavagna, las dudas sobre el abastecimiento de energía estarían frenando algunas inversiones privadas importantes. Y aun cuando públicamente no deje de ponderar el efecto de la demanda sobre la evolución de la economía, especialmente cuando aparece la discusión salarial, el ministro está convencido de que el motor ahora está en la inversión.

Resolver la escasez es responsabilidad del ministro de Planificación. Pero quienes intimaron hace poco con Lavagna no escucharon los enconados comentarios contra Julio de Vido de otros tiempos: "Nunca vivirán un idilio, pero no parece que pasen por un mal momen

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