Cuando las creencias castigan a la agroindustria.

Las características regionales hacen al desarrollo de las cadenas agroindustriales y, de esta forma, ellas pueden ser más competitivas que otras...

02deJuliode2005a las08:08

Las características regionales hacen al desarrollo de las cadenas agroindustriales y, de esta forma, ellas pueden ser más competitivas que otras. Merced a las condiciones físicas, geográficas y de capital humano y de estructura, un país es terreno fértil para cadenas más eficientes que otras de los mismos productos en otros países.

Sin embargo, es común que, por no coincidir con valores y creencias de la dirigencia del país, algunas cadenas con fuertes determinantes a su favor sean afectadas seriamente en su crecimiento.

Un ejemplo lo da la historia económica argentina. Entre los años 40 y fines de los 80 del siglo pasado, buena parte de la sociedad no comulgaba con la visión de una Argentina agroindustrial. Así se explica el estancamiento de esta actividad en tal largo período. Una visión industrialista, entendida como superior a todo lo relacionado con lo agrícola-ganadero se impuso decididamente durante tal período, pese a los determinantes internos claramente favorables.

Dentro de tal visión se hallaban las ideas de la Cepal. Esta organización sostenía, por aquellos años, la tesis del deterioro de los términos del intercambio, fenómeno mediante el que los países centrales se apropian de los frutos del progreso técnico y de la mayor productividad de los países periféricos. Tales ideas fueron corrientes en la dirigencia política. Tipos de cambio múltiples y derechos de exportación han sido sus resultados.

El caso de Chile es diferente. El país trasandino reaccionó frente a esta posición intelectual, muy extendida por toda América latina. Y, así, desde principios de la década del 80, hizo un decidido uso de sus ventajas regionales para levantar una industria agroalimenticia, basada en productos muy diferenciados y bien posicionados en la percepción del mundo desarrollado. Estos productos de origen primario cuentan actualmente con un elevado reconocimiento internacional y son vendidos con alto valor agregado.

Todos lo sabemos. Nuestro país está bendecido por claras ventajas. La naturaleza es pródiga y están a disposición de un uso sustentable. Estas ventajas son las que pueden dar el puntapié inicial para la construcción de cadenas de oportunidad. Y una cadena de oportunidad es aquella que tiene a su favor los determinantes básicos, como es la tierra. Pues estos factores no definen la oportunidad. Sólo lo hacen en tanto y en cuanto el país posea, además, las mismas creencias de la sociedad, dentro de su visión de desarrollo.

Mancur Olson, el célebre pensador y economista, lo dijo con claridad: "Cuando se pregunta uno por qué algunas naciones son ricas mientras otras son pobres, la idea clave es que las naciones producen dentro de sus fronteras no aquello que la dotación de recursos permite, sino aquello que las instituciones y las políticas públicas permiten".

Es más sencillo de lo que se suele explicar con largos y complejos discursos.

Los factores ligados a la cadena de oportunidad, en rigor, son los factores prioritarios por desarrollar en la Argentina. La mayor parte de las inversiones para mejorar las condiciones de los factores regionales son de decisión pública, en la forma de proyectos de infraestructura, apoyo a la producción, a la educación e investigación, etcétera.

A la actividad privada corresponde utilizar de manera efectiva estos factores, para desarrollar ventajas competitivas. Y sin duda así lo hará, si las condiciones institucionales son adecuadas.

Así las cosas, la función pública y la privada deben trabajar como socias en términos de un objetivo común.

En tanto, todos los agentes de la cadena agroindustrial, en forma solidaria, tienen que bregar para que la sociedad comprenda la importancia de ést

Temas en esta nota