Inflación: la estrategia es resistir sin dejar de sostener el dólar.

El 37% de la deuda pública quedó nominada en bonos en pesos e indexados. Por eso el Gobierno intenta mecanismos para serenar los índices...

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28deJuliode2005a las09:04

Como resultado del canje que concluyó en junio y permitió que la Argentina saliera del default, el 37% de la deuda pública quedó nominada en bonos en pesos e indexados.

Es fácil advertir el impacto que sobre esa deuda tendría una aceleración inflacionaria.

Mirando esa realidad se entienden los pasos que dio el Gobierno en los últimos días en el intento de serenar los índices.

Faltando la medición de la cuarta semana, el costo de vida en julio acumulaba un aumento de 1,1%, con lo cual los pronosticadores más precisos creen que llegaría a 1,3%.

Los aumentos en el rubro esparcimiento y turismo le jugaron una mala pasada a un índice que para agosto, se estima, crecería entre 0,7 y 0,8%.

Con la inflación anual rondando el 10% es que Kirchner y Lavagna empezaron a tomar medidas en un contexto en el cual el Gobierno no abandona su objetivo de mantener el dólar caro en torno de $ 2,88. Ese índice es el que le permite recaudar mucho por las retenciones a las exportaciones.

Tal vez la principal decisión antiinflacionaria fue la del Presidente al negar un posible aumento de 10% para todos los jubilados. Algo que varios de sus colaboradores tenían en mente.

En términos políticos debe haber sido una medida más que costosa, pero muestra un nivel alto de preocupación sobre los riesgos de una inflación que pasó de un rango del 5% anual a otro del 10%.

Ese salto de precios fue lo que desató el boom de los títulos públicos indexados produciendo una riesgosa bicicleta financiera.

Sabiendo que el dólar está en el panorama del corto plazo más para bajar que para subir y con bonos que prometen entre tasa e indexación 15 o 16% anual, la ganancia está asegurada.

La contracara de esa ganancia es que el Estado paga muy caro su propio financiamiento con la política del dólar alto.

Lavagna y Redrado decidieron suspender por ahora la colocación de títulos indexados aunque saben que es una medida transitoria. El problema es la inflación y no la indexación.

En un contexto en el cual la economía crece y se desarrolla independientemente de las cuestiones políticas y la campaña electoral, el Gobierno aparece dispuesto a hacer gestos antiinflacionarios y resistir.

Los gestos son de índole variada: sancionar a empresas cementeras por haberse cartelizado para fijar precios durante 18 años, intentar acuerdos con sectores (lácteos, pollos, carnes y supermercados) y avalar aumentos salariales cuando respondan a mejoras de productividad.

Pero el agua se filtra y la recuperación de precios de los servicios públicos, en un contexto de actividad creciente, parece imparable.

La suba de 50% de las entradas a las canchas de fútbol como consecuencia del aumento de los servicios de seguridad es casi un símbolo de lo que está sucediendo.

Otra consecuencia es el malhumor que las presiones oficiales generan en algunos sectores empresarios que se sienten observados de cerca.

En la Casa Rosada no se quiere escuchar hablar ni de una posible baja del dólar ni de una suba de la tasa de interés que pueda enfriar la actividad económica. Sobre todo, cuando octubre viene marchando con sus elecciones legislativas.

Dado este paisaje más bien hay que esperar que la lucha contra la inflación pase por manejos y presiones más que por el corte del gasto público o la restricción monetaria.

¿Y el acuerdo con el FMI? Bien, gracias.

Ni Kirchner ni el jefe del Fondo, Rodrigo Rato, parecen muy apurados por llegar a firmar nada antes de octubre. Por eso el Gobierno se prepara ahora a desembolsar 2.700 millones de dólares en agosto.

 

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