Economistas sostienen que el tipo de cambio alto es insuficiente.

Dicen que se impulsaron el crecimiento y el empleo, pero no la distribución de riqueza...

06deAgostode2005a las07:29

Opinan que la igualdad depende de la calidad del empleo

Prefieren más inflación antes que menos crecimiento o caída del empleo

Críticas al Banco Central

El plan Fénix, elaborado por economistas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) entre 2000 y 2001, fue uno de los primeros en animarse a censurar la convertibilidad, pero ahora está relanzándose con una idea común: el tipo de cambio competitivo actual no alcanza para un desarrollo con equidad. Ayer se cerraron cuatro días de debate a partir de 300 ponencias con la presencia del rector de la UBA, Guillermo Jaim Etcheverry; el director del Grupo Fénix, Abraham Gak, y uno de sus miembros más reconocidos, Aldo Ferrer, consejero habitual del presidente Néstor Kirchner y del ministro de Economía, Roberto Lavagna, dos invitados ausentes.

"Hay coincidencia en que el nuevo marco monetario y cambiario es más favorable en la medida en que ha resultado en unos precios relativos que permiten planear un crecimiento sustentable", comentó el director del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, Alberto Müller, el primero de los relatores de los trabajos presentados. Sin embargo, concluyó que "la política monetaria y cambiaria es condición necesaria, pero no suficiente".

"Los cambios de precios relativos generaron más empleo, más crecimiento, pero no una reversión profunda de la desigualdad social", advirtió la directora del Centro de Estudios de la Estructura Económica (Cenes), Marta Bekerman, que criticó que el sector agrícola ganó dinamismo, pero no resolvió el hambre. Apoyó políticas productivas en favor de las cadenas de valor, sectores de tecnología avanzada y de baja calificación.

Kirchner no estuvo para oír esos reclamos, pero lo que sorprendió fue el faltazo de Lavagna. Se conjeturaba que, pese a la admiración que el ministro siente hacia Ferrer, no podía avalar con su presencia propuestas difíciles de sostener cuando se llega al gobierno, como la de dejar de pagarle al Fondo Monetario Internacional (FMI) para presionarlo por un acuerdo.

Müller comentó que las ponencias rechazaron una política monetaria que se guíe por metas de inflación porque "tiene un sesgo al alza de tasas de interés y el crecimiento las necesita bajas". Una de las integrantes del Fénix y candidata a diputada por el oficialismo, Mercedes Marcó del Pont, acusó al Banco Central de seguir implícitamente metas de inflación y sugirió que su política articule la expansión económica y del trabajo. "Cualquier costo inflacionario es menos negativo que un menor crecimiento y la expulsión de empleo", concluyó Müller.

Entre las ponencias se sugirió una reforma tributaria que penalice en mayor medida a los sectores de más altos ingresos, grave las ganancias financieras y combate la inflación. "Se dice que existe urgencia por la reforma porque la bonanza fiscal no está asegurada", según Müller, dado el peso de la deuda externa sobre la economía y la dependencia de la recaudación respecto de la volatilidad de los precios de las materias primas. En un capítulo sobre los servicios públicos, comentó que "seguimos con el mismo esquema de regulación de los 90 y no hay voluntad de cambio". Los ponentes pidieron que el Estado planificara en materia de generación eléctrica, hidrocarburos, aguas y transporte.

Marcó del Pont se centró en el trabajo y el reparto del ingreso: "No viene primero el crecimiento y después la distribución. Hay que plantearlo de manera paralela y simultánea. Eso depende del patrón de crecimiento para generar empleo: un esquema de exportación o una industria sustentada en el mercado interno impacta en la calidad del empleo". Otro relator del plan, Marcelo Lascano, recordó que el 80% del producto bruto mundial se consume e

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