Para Lavagna, la clave es el superávit.

En su mensaje al Congreso, sostendrá que creció el aporte del capital nacional y disminuyó el externo...

20deSeptiembrede2005a las07:58

No por nada el ministro de Economía, Roberto Lavagna, está ocupado en la atracción del capital extranjero directo: mañana, en su presentación del proyecto de presupuesto 2006 en el Congreso, reconocerá que la Argentina sufre un desahorro externo, compensado por una suba en la inversión nacional que permitiría reducir la volatilidad de la economía.

La presentación en "power point" de Lavagna, que fue adelantada al Poder Legislativo, destaca, no obstante, que "a diferencia de los años 90, la inversión es ahora financiada con ahorro nacional, reduciendo la exposición a la volatilidad de los flujos externos".

La inversión de capital nacional pasó del 15,2% del PBI, medido en pesos corrientes (sin ajustar por la inflación), en el último trimestre de 1997, al 21,8%. El ahorro de capital foráneo, en cambio, era del 4,9% hace ocho años. Si se suma la inversión nacional y la extranjera, se pasó del 20,5% en 1997 a 21,1% el año pasado, según destacará Lavagna ante la Comisión de Presupuesto de Diputados.

En el primer trimestre cayó al 19%, pero en el segundo se presume que volvió al 21%. "Mayor inversión, junto con la incorporación de mano de obra calificada e innovaciones continuas en el proceso productivo, permitirá un aumento constante en la productividad de la economía", dice el documento de presentación del presupuesto.

Más allá de que recientemente subestimó la queja del empresariado sobre la inseguridad jurídica para la inversión, el ministro admitirá que "el verdadero reto de nuestro país es asegurar un desarrollo del marco institucional que nos permita volver a ser un país pujante, una sociedad basada en la movilidad y la inclusión social y un Estado potente, capaz de imprimir rumbo al país".

En línea con su maestro Aldo Ferrer -autor del libro "Vivir con lo nuestro"-, el ministro dirá que "la sostenibilidad del crecimiento requerirá continuar priorizando los recursos propios como principal fuente de financiamiento, haciendo uso racional y cauto de los flujos de capital externos, de forma tal de maximizar la autonomía en el manejo de la política económica y minimizar la vulnerabilidad frente a los vaivenes de la economía internacional". Por eso, Lavagna dirá que "el superávit fiscal es una condición sine qua non para lograr el crecimiento sostenido".

"Pero debe ser acompañado también por un superávit externo", agregará el funcionario, para quien "un tipo de cambio realista y estable es una de las claves para asegurar la sostenibilidad". Además, sostendrá que "la recomposición de reservas y el desendeudamiento con los organismos multilaterales de crédito contribuyen a reducir la fragilidad financiera".

Lavagna se referirá al "desafío de evitar la volatilidad del crecimiento". Mostrará cómo la Argentina varió su ritmo de expansión por los altibajos: del 4,8% en el período 1900/29 al 2,6% en 1930/49, el 3,6% en 1950/74 y el 0,9% en 1975/2000. De 1980 a 2002, el país creció el 0,7%, frente al 2,4% de Brasil, el 4,7% de Chile, el 2,7% de México y el 9,5% de China.

Destacará que el estimador mensual de la actividad económica (EMAE) se ubicó desde marzo pasado en su mayor nivel desde que comenzó a medirse, en 1997. También en ese mes comenzaron a batirse récords en el estimador mensual industrial (EMI), con lo que se superó el máximo de 1998.

Además, se logró una marca histórica en la tasa de empleo: 39%, es decir que 39 de cada 100 argentinos trabajan, la cifra más alta desde que comenzó a medirse este indicador, en 1997. A mediados de los años 70 y a principios de los 90 se había logrado una tasa del 38% y había caído al 34% en 1995, 1996 y 2002.

Insistirá en "recuperar crecientes márgenes de maniobra de la política económica", en referencia a los acuerdos con el

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