Un fenómeno de múltiples causas

Para los analistas, pesan el aumento de la circulación monetaria y la mayor demanda

06deOctubrede2005a las08:21

Para algunos analistas, las razones de la persistente tendencia alcista de los precios hay que buscarlas en el cambio de sesgo que viene mostrando la política fiscal: el superávit primario bajó en diez meses de 4 a 3,5 puntos del PBI, lo que hizo que perdiera su incidencia como "contrapeso" de la inflación.

Para otros, se encuentra en la sostenida tracción que exhibe la demanda de bienes y servicios (aunque son los propios registros oficiales los que no permiten hablar de un boom en el consumo de productos básicos de la canasta familiar), en un contexto de ingresos que se fueron recomponiendo por los aumentos salariales y créditos más accesibles.

Pero en un punto todos coinciden. En un contexto de rebrote inflacionario (con tasas anualizadas que se duplicaron en un año, a contrapelo del resto de la región) la política monetaria poco o nada hizo para torcer su rumbo.

Los datos que sostienen esta afirmación pueden rastrearse en las propias planillas oficiales, aunque están menos difundidos que la evolución de la base monetaria (el indicador al que prefiere ceñirse el Banco Central y que sólo creció 1% en términos reales en los últimos 12 meses). Son los que muestran que la circulación monetaria, que se expandía a un ritmo del 14,6% hace exactamente un año, lo hacía al 26% a fines de 2004, al 28% en junio pasado y al 33% en septiembre, que acaba de cerrar con una variación del 1,2% en el índice de precios al consumidor (IPC). Medida de punta a punta, la circulación creció 2,26 veces.

Si se compara la evolución de esta variable con la de los precios en el mismo período surge una llamativa correlación. Hace un año la tasa anualizada de inflación era del 5,9%. Ayer llegó al 10,3%, con lo que creció 1,745 veces.

Esto hizo que, si bien aún casi nadie se anima a cargar las culpas de la inflación sobre la política monetaria, sean cada vez menos los que le restan toda incidencia y comienza a crecer el número de especialistas que le asignan un impacto, una postura que hasta ahora sólo tenían los economistas más ortodoxos.

"Sería temerario sostener que fue la política monetaria la que impulsó la inflación. Pero tampoco se puede decir que hizo algo para prevenirla o combatirla", evaluó Manuel Sánchez Gómez, de la consultora MVA-Macroeconomía. Y opinó que esta característica adquirió más preponderancia por la combinación con un nivel de superávit fiscal primario levemente decreciente en relación al producto. "Así, lo que ayer te hacía de freno, puede que hoy ya opere como un embrague", graficó.

Desde el BCRA prefieren llamar a la cordura. "Más de la mitad del 1,2% se explica por componentes volátiles y estacionales", señalaron, sobre la incidencia que en el IPC tuvo el alza de frutas y verduras (0,5%) e indumentaria (0,2%). Según su evaluación, la tendencia no es aún inquietante ("las proyecciones del REM para 2006 esperan una suba del 2 al 2,5% por trimestre", apuntan) y no lo será "porque hoy no hay emisión espuria: no estamos financiando a los bancos ni dando más de lo que le corresponde al Tesoro".

El economista Hernán Del Villar, del estudio Alpha, coincide con Sánchez Gómez al sostener que la política monetaria actual es cuanto menos "permisiva", pero intuye que su incidencia sobre los precios es menor "por el bajo nivel de intermediación financiera que aún tiene la economía" .

De allí que prefiere adjudicar el aumento de la inflación a una mayor demanda, por "un proceso de reacomodamiento de los precios relativos, combinado con una tasa de actividad general y una mejora en el poder de compra de la población". Según su apreciación, "el crédito a individuos está jugando un rol importante: crece a razón de 400 millones de pesos por mes, lo que representa el 4 por ciento de la masa salarial".

Alfredo Gutiérrez G

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