Estrategia oficial, mala para el campo

En los últimos tiempos, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Economía, ha dado a conocer a la opinión pública una larga serie de indicadores de una pretendida bonanza en los sectores productivos.

06deOctubrede2005a las09:22

En los últimos tiempos, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Economía, ha dado a conocer a la opinión pública una larga serie de indicadores de una pretendida bonanza en los sectores productivos. En lo referido al sector agropecuario, esas informaciones subrayan el supuesto alto valor de los campos y una sustancial mejora en el ingreso de los productores. La insistencia oficial permite decir que se trata de una estrategia, y autoriza entonces a analizarla con algo de detenimiento.

Para empezar, las cuestiones de principio: en ningún país serio del mundo ganar dinero legítimamente mueve a vergüenza o a condena social. Conviene subrayar este valor clave del funcionamiento de nuestra sociedad, porque si el mensaje dado a propios y extraños es que en la Argentina no se puede lograr ganancias produciendo, ¿cómo puede esperarse que nuestros compatriotas traigan de vuelta los capitales que alguna vez se llevaron, casi siempre para protegerlos de políticas equivocadas que inexorablemente terminaron llegando? ¿Cómo van a conseguirse las famosas «inversiones extranjeras genuinas», que exigen naturalmente previsibilidad jurídica y un margen de utilidad que mueva la decisión de elegir la Argentina? Vale la pena asimismo aclarar -porque la información oficial no lo hace- que hoy día no todos los que incorporan tierras a su patrimonio pertenecen tradicionalmente al sector. Por el contrario, se sabe que hay entre ellos inversores procedentes de otras actividades en nuestro país.

Otra precisión que sería importante recibir de las autoridades oficiales con mayor exactitud es que los niveles de ingresos del sector productivo primario están hoy prácticamente iguales a los de mediados de la década del ''90, en plena vigencia del «1 a 1». Si existe una mejora relativa, sin duda alguna no se debe a los esfuerzos que haya hecho el gobierno por concretarla, sino a favorables circunstancias internacionales ( financieras, meteorológicas y hasta bélicas), al uso de nuevas técnicas y a la conocida vocación productiva del hombre de campo. Esto claramente indica más volumen, pero la pregunta es: ¿significa más ingreso?

• Mejoría

Queda dicho entonces que eso de la supuesta gran mejoría de la situación relativa de los productores debería ser probado y explicado antes de darlo por válido. Pero aun si lo fuera, ¿cuál sería el problema? ¿Por qué importaría solamente monitorear el estado patrimonial de un sector, y no el de todos los demás? Sería del caso, por ejemplo, informar sobre la evolución del patrimonio de los estudios profesionales, de las actividades industriales, de los prestadores de servicios de salud, transporte, educación...

Incluso, claro está, la de los hombres y mujeres que vienen desempeñándose en funciones de gobierno. A ellos, acaso, también puede haberles ido bien; quizá mejor aún que a los investigados productores primarios. Y en tren de la más elemental coherencia, habría que aplicar a cada uno de los que resultaran favorecidos las retenciones que hoy, y desde hace ya tiempo, castigan y desalientan el mérito de producir cada vez mejor, con más inversión y más tecnología aplicada, lo que el mundo necesita y, por lo tanto, compra.

Eso sería de estricta justicia: retenciones incluso a los sueldos de los funcionarios estatales, y a todos por igual los impuestos en cantidad e intensidad tal que disminuyera sus niveles de rentabilidad.

Hace tiempo, cuando ya estaba en funciones el máximo nivel actual de responsabilidad en el Palacio de Hacienda y yo era vicegobernador de mi provincia, dije que cualquiera consigue superávit si tiene la prerrogativa de sacar dinero de donde lo hay y no pesa sobre él la obliga

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