El agro, condicionado por el tipo de cambio

Los productos de exportación, como son claramente los originados en el campo, sufren los efectos de las variaciones en los tipos de cambio...

12deOctubrede2005a las09:26

Los productos de exportación, como son claramente los originados en el campo, sufren los efectos de las variaciones en los tipos de cambio por parte de los países importadores. Obviamente, en la medida en que tales productos tengan un mayor grado de homogeneidad, como, por ejemplo, los commodities agrícolas, la repercusión de las paridades cambiarias será más fuerte. Por el contrario, aquellos productos con mayor grado de diferenciación, al depender en buena parte de valores simbólicos, se hallan menos expuestos.

Los altos precios granarios de los años 1996/''97, e incluso parte de 1998, se debieron a la fuerte demanda de los mercados asiáticos. Tal fenómeno fue porque sus economías recibían elevados ingresos de capitales manteniendo tipos de cambio -dólar bajo- favorables a las importaciones y, consecuentemente, se incrementó la demanda.

• Desequilibrios

Esta situación contribuyó al retraso de sus exportaciones y, por lo tanto, acentuó sus desequilibrios externos. Y estos desequilibrios fueron preparando el terreno para un cambio en el ciclo. Existe una ley de hierro: a períodos de auge les siguen los de baja. La crisis económica global comenzó en Tailandia el 2 de julio de 1997. La mayor parte de los países asiáticos había vivido tres décadas de crecimiento y bienestar, merced, en buena parte, a un flujo de capital a corto plazo. Se trata del tipo de capital que busca el máximo beneficio y que no se focaliza en la inversión a largo plazo. Y como toda burbuja, ella acaba estallando. De esta forma, el capital se fue tan pronto como llegó. Algo menos grave, pero similar, sucedió en la Unión Europea. Desde su nacimiento el 4 de enero de 1999, la moneda de este bloque no hizo otra cosa que perder valor frente al dólar, hasta la finalización del ciclo en los años 2001/''02. Así las cosas, desde 1998, la moneda norteamericana tuvo un fuerte incremento de valor en términos de las demás (que recién termina en el año a comienzos del año 2001). El formidable progreso, la tasa de interés creciente y la fortaleza de la economía americana convirtieron a su sistema financiero en una gigante aspiradora de fondos provenientes, principalmente, de Europa y de Japón.

Durante el año 2001, en la medida en que se recupera la economía europea y asiática, y se desacelera la de los EE.UU., la desvalorización del dólar se hace evidente. El debilitamiento del dólar en relación con el yen y otras monedas asiáticas beneficia el acceso de los bienes provenientes de la Argentina a los mercados fuera del área dólar.

La pérdida de valor del dólar en términos de las restantes divisas significa para el agro una mejora de competitividad, pues las monedas locales, como el peso, se reposicionan a favor de la exportación. A fines de 2001, se advierte un giro en el euro. Desde esa fecha, la moneda comunitaria empezó a apreciarse (revaluarse), y así las importaciones dentro de la UE comenzaron a abaratarse; consecuentemente, las cotizaciones agrícolas han pasado a tener un nuevo aliciente para subir. Desde hace unos meses, se verifica una nueva situación. El euro y varias monedas han comenzado un suave retroceso. Lo que, en principio, no ayudaría a mejorar los precios.

Sin embargo, un hecho trascendental acaba de suceder. China abandonó el cambio fijo. Y así revaluó el yuan. Si bien tal revaluación no representa un porcentaje de gran importancia, sí lo es el hecho de haberse apartado, luego de una década de permanencia, de la atadura mantenida con el dólar.

Al mismo tiempo, el yen y otras importantes monedas del sudeste asiático comenzaron a elevar sus paridades. Consecuentemente, el dólar pierde valor y los precios de los commodities agrícolas y demás alimentos tienden a la suba.

Como se sabe,

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