La exportación del suelo.

Hace exactamente dos años, en la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez) y en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) elaboramos un estudio donde comprobamos que...

29deOctubrede2005a las06:43

Hace exactamente dos años, en la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez) y en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) elaboramos un estudio donde comprobamos que entre los nutrientes utilizados para la cosecha de la campaña 2003/04 y los incorporados al suelo, había un déficit que, evaluado en dinero, nos daba la suma de 1200 millones de dólares.

Hoy, con la incorporación de nuevas áreas de siembra, y a pesar de una mayor utilización de fertilizante, esta suma se eleva a 1400 millones de dólares.

Esta situación nos indica que a dos años del primer informe y que fuera entregado personalmente a muchos funcionarios del área, nuestros país perdió US$ 2600 millones en nutrientes del suelo, o lo que es peor aún, cómo el 90 por ciento de nuestra producción se exporta en forma de porotos, granos, productos elaborados o subproductos. Podemos afirmar que en estos dos años, alrededor de US$ 2300 millones de lo que hemos exportado es suelo.

En forma lineal, si la exportación agrícola fue de US$ 21.982 millones en 2003 y 2004 -sumados los complejos oleaginoso y cerealero- los US$ 2300 que exportamos de suelo correspondería al 10,5 % del total.

Para graficarlo mejor, cuando un chino hace papas fritas con un litro de aceite de nuestro país, 105 centímetros cúbicos del mismo se componene de suelo argentino, lo que equivaldría a decir que cuando come esas papas fritas se están comiendo parte de nuestras tierras.

En ese estudio de 2003 concluimos que la única manera de solucionar el problema de sustentabilidad del sistema era eliminando las retenciones agropecuarias, las cuales obligaban a un desequilibrio productivo e incentivaban a producir con el menor costo posible.

Era de prever que si a nuestra producción la vendíamos con un dólar de $ 2,30 y comprábamos los insumos con un dólar de $ 2,90, la ecuación más simple era hacer un cultivo con el menor uso de insumos posible.

Más aún, en la necesidad de rotaciones que tiene todo planteo agrícola sustentable, el productor incorporaba gramíneas aunque tuviera menor rentabilidad. Hoy la realidad es completamente diferente, ya no existe rentabilidad en estos cultivos por la baja de los valores internacionales y el aumento de los valores de los insumos, teniendo que optar directamente por una pérdida monetaria.

Después de dos años las conclusiones son exactamente iguales: "la consecuencia más nefasta de las retenciones, es que esta extracción monetaria impide la amortización del bien suelo, numéricamente representada por los minerales y la estructura".

Dejar de ser mineros

La incorporación de nutrientes y las rotaciones hay que considerarlas como inversiones indispensables para que este recurso natural suelo sea realmente renovable en el tiempo, terminando con la vieja creencia de una tierra no amortizable. En otras palabras, terminar con la tendencia de ser mineros, y pasar a ser agricultores.

Es difícil de entender cómo el Ministerio de Economía está preocupado por la falta de inversión en el país que podría frenar el crecimiento, cuando a un sector como el agropecuario que es netamente inversionista se le saca el 20 % de sus ingresos, que con seguridad irían a inversiones productivas orientadas a la sustentabilidad del sistema.

Nuestro último estudio demuestra que si tenemos que hacer el 100 % de reposición de nutrientes no hay cultivos con una rentabilidad acorde a la inversión. Peor aún, si queremos respetar las rotaciones, la incorporación de cultivos con índices económicos negativos transforma a la producción agrícola monetariamente deficitaria, que sumada a su alto coeficiente de riesgo, la convierten en una producción ins

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