El sector productivo no es el culpable de mayor inflación

El aumento del precio de la carne o del ganado, como el inexorable incremento de los precios de la mayoría de los bienes, exportables o no, se debe a la devaluación de enero de 2002.

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29deNoviembrede2005a las08:24

El aumento del precio de la carne o del ganado, como el inexorable incremento de los precios de la mayoría de los bienes, exportables o no, se debe a la devaluación de enero de 2002. Hasta ahora, la inflación ha sido exitosamente contenida por una política monetaria que durante casi 4 años logró un adecuado «passthrough» (salida no traumática de la megadevaluación descontrolada).

Los promotores de la devaluación y pesificación asimétrica, siguiendo al pie la letra de la «argentinidad al palo» de los Bersuit, lograron mantener los salarios por el piso. Sólo unos justos pero insuficientes aumentos por decreto sirvieron para desencadenar el proceso inflacionario.

El precio de la carne o del ganado en pie y su influencia en el índice de inflación acaparó la atención de todos los medios de comunicación. Lo sorprendente ha sido cómo se trató el tema en un programa de televisión la semana pasada: Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina, tuvo argumentos válidos y afirmaciones correctas, aunque nadie tiene una línea directa con la verdad.

Un respetable invitado, muy vehemente y que defendía a los consumidores, hablaba desde la emoción y sin fundamento alguno; sus quejas eran sólo contra los síntomas. La diputada Alarcón, por Santa Fe, desnudó sus intenciones con solapados enojos hacia Miguel Campos. ¿Querrá ser secretaria, ahora? Por último, Raúl Rivara, el ministro de la provincia de Buenos Aires, fue el único que hizo algo en los últimos meses con el plan ganadero provincial, aunque no lo supo rescatar ni validarse a sí mismo en la pantalla chica.

El que sí previó el tema, aunque no aceptaron su propuestas, al menos por ahora, ha sido el subsecretario Javier de Urquiza, cuando en el año 2003 diseñó el plan ganadero nacional. Tenía costo fiscal, pero infinitamente menor a los subsidios explícitos o implícitos que hoy se otorgan. Ya en ese momento era obvio que el tipo de cambio alto generaría una mayor demanda externa.

• Retención

A fin de colaborar con el entendimiento y/o comprensión del tema, se rescata un párrafo del artículo publicado en esta columna «Sí a la retención, pero de vientres», del mes de abril de este año: «Se debe promocionar el aumento del stock ganadero mediante mecanismos de incentivos y no de castigos económicos».

En la Argentina, es un secreto a voces, faltan entre setecientos mil y un millón de terneros. ¿Qué hacer para aumentar la oferta de terneros? La respuesta es «Sí a la retención..., pero de vientres».Y, en otro artículo del mes de julio, «Otra vez retenciones, qué mala leche», se resaltaba la inutilidad de la medida: « Aumentar las retenciones a las exportaciones de productos lácteos es castigar a la actividad productiva que tanto se dice promocionar con la política del dólar alto».

Jesús Leguiza

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