Superávit, dólar alto y la marcha de los precios, en la economía que sigue

Con el pago, Kirchner busca alejar exigencias del FMI, como el ajuste de tarifas.

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16deDiciembrede2005a las08:26

Con el pago, Kirchner busca alejar exigencias del FMI, como el ajuste de tarifas. Pero su decisión no diluye los riesgos económicos que aún subsisten.

Cuál es el beneficio de pagar de una vez y por adelantado al Fondo 9.810 millones de dólares pudiendo haberlo hecho en cuotas y con bajo costo?

La respuesta hay que buscarla más en la política que en la economía. Evidentemente el presidente Kirchner busca ganar poder de decisión y alejar las exigencias y monitoreos del Fondo Monetario a la hora de definir su gestión.

Ratificó que seguirá una política de superávit fiscal alto (en eso no había discrepancias con el FMI) que sería esencial para que el plan económico no pierda confiabilidad.

Si bien había acuerdo sobre la necesidad del superávit, la discrepancia era profunda sobre cómo lograrlo.

El Gobierno insiste en mantener alto el precio del dólar porque eso le favorece aumentar la recaudación impositiva por las retenciones a las exportaciones.

Por esa vía, por ejemplo, este año obtendrá el equivalente al 70% del superávit fiscal.

Ese sería un motivo económico que podría explicar la jugada de pagar y ganar autonomía.

Kirchner está convencido de las bondades del dólar alto, porque además de recaudar, le permite poner un dique a las importaciones y deja margen de mercado a los productores nacionales.

Al Fondo le gusta más el dólar bajo porque ayuda a contener la marcha de la inflación.

Ese sí es un costo económico para el Gobierno.

Dólar alto implica precio de alimentos relativamente altos y, por consiguiente, impacto sobre el costo de vida y los salarios.

Es por eso que, a corto plazo, pagarle al FMI es una jugada política de peso pero lo importante será no perder de vista la inflación.

Habrá que esperar la reacción de los mercados. En teoría, no deberían preocuparse porque un país en desarrollo destine un tercio de sus reservas a saldar anticipadamente deuda.

Y menos con el organismo al cual históricamente se decía que sería bueno no pagarle para destinar el dinero a fines más nobles. Pero la última palabra no está dicha.

Hay otra de las exigencias del FMI que el Gobierno quería evitar y es la presión por la renegociación de los contratos de las empresas privatizadas.

Kirchner no quiere oír hablar de aumentos de tarifas de los servicios públicos para las casas de familia durante todo 2006 y el FMI considera que esa decisión postergaría las inversiones.

Sin algún margen de certeza sobre la rentabilidad futura, las empresas privatizadas no invierten.

El camino que eligió el Gobierno es, en muchos casos, conceder aumentos para industrias y otros clientes mayoristas dejando a salvo, en parte, a los domicilios particulares.

Pero las empresas siempre tratan de trasladar los mayores costos y eso se siente en los índices inflacionarios que igual terminan pagando los consumidores.

Con el pago al Fondo, Kirchner le pone un sello fuerte a su gestión y asume en carne propia los riesgos.

El ex ministro Lavagna podrá decir que él lo sugirió, pero ahora ya no está en el Gobierno. Desde ayer, los beneficios y los costos los afronta directamente el Presidente.

Frente a eso, sólo cabe esperar que se ratifique en la gestión la idea de superávit fiscal y dólar alto.

El Gobierno continuará con los acuerdos sectoriales para tratar de impedir que la inflación se encrespe.

Después del anuncio es tiempo de análisis, reflexión y esperar veredictos políticos y de los mercados. Ayer los bonos bajaron levemente.

Pero no se debe perder de vista que los problemas y los riesgos económicos que estaban, siguen estando ahí.

Daniel Fernández Canedo.





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