Inflación: algunos precios suben por la escalera y otros por el ascensor

Un factor clave es la capacidad que cada sector tiene para fijar condiciones.

27deDiciembrede2005a las08:23

Un buen número de economistas suele definir el actual proceso inflacionario como un reacomodamiento de precios relativos; esto es, que algunos precios atrasados estarían recuperando posiciones respecto de otros más adelantados. Si rigurosamente así fuese, habría que esperar un espectacular salto en el costo del servicio doméstico: apenas subió 9,4% desde la devaluación contra un alza de 71% en el índice general.

Según el mismo enfoque, se podría especular ahora con un freno en el costo de excursiones y paquetes turísticos, ya que se encarecieron nada menos que 201,7% desde la caída de la convertibilidad. Y otro tanto debiera pasar con los precios de heladeras, cocinas y lavarropas, que escalaron hasta 156%.

Los datos, extraídos de un trabajo de la consultora Economía y Regiones hecho con cifras del INDEC, ponen de relieve que los precios también se mueven, mucho o poco, según la capacidad que cada uno tenga para imponer los propios. Las remuneraciones del servicio doméstico son un precio, y por lo que se ve este es un sector con escaso o ningún poder para mejorarlo.

En cambio, el costo de los paquetes turísticos y las excursiones seguramente va a pegar un nuevo salto este verano. Y lavarropas, cocinas y heladeras ya aumentaron entre 20 y 50% en lo que va del año.

La mayoría de las empleadas domésticas son parte del enorme universo de trabajadores en negro. Sea por baja capacitación o por limitada capacidad de presión, los más de 4 millones que lo integran han sufrido una pérdida en sus ingresos reales del 25% desde 2002. Tampoco en este caso puede esperarse una recomposición a corto plazo de estos precios-salarios relativos.

A la inversa, la escasez de trabajadores especializados y con altas cualidades laborales, en una economía que crece arriba del 8% anual, explica la suba real del 7% promedio que han registrado los sueldos en blanco. Juega, otra vez, la capacidad para imponer sus propios precios en la relación de fuerzas con los empleadores.

Para preocupación de Felisa Miceli, otro informe —de la consultora Ecolatina— revela que el actual proceso inflacionario no expresaría solo un reacomodamiento de precios relativos, sino un corrimiento generalizado.

Dice Ecolatina que el 82% de los subrubros que integran el índice del INDEC registró aumentos este año. En 2004, las alzas se habían limitado al 72% de los subrubros y a apenas al 55% en 2003. Y si antes y ahora la variación del índice general no resulta mayor es porque existen varios servicios públicos cuasi o totalmente congelados: el transporte de pasajeros subió sólo 0,1% desde la devaluación.

Como afirma Miceli y es también evidente, ponerle freno al envión inflacionario es el gran desafío que tiene por delante el Gobierno. Entre tantas razones —incluido el deterioro de los salarios y las consecuentes demandas gremiales—, porque se corre el riesgo de que reaparezcan mecanismos de indexación de hecho, aunque estén prohibidos por ley, y puedan afirmarse las expectativas sobre un alza continua de los precios.

Está visto que el Gobierno se ha equivocado mucho en sus estimaciones para este año. Inicialmente, Economía había calculado un alza de los precios al consumidor de 7,9%, y el Banco Central otra de entre 5 y 8%. Puede terminar arriba de 12%.

Y si en general los gerentes de grandes compañías ya preferían proyectar sus ingresos —y sus precios— algunos puntos por arriba de las previsiones oficiales, después de lo que ha pasado en 2005 es previsible que con más razón lo hagan en 2006. Quebrar este cuadro de expectativas es, de nuevo, el desafío de un Presidente convencido de que existen más garantías de éxito si él se pone a la cabeza de las tareas.

El Gobierno buscará prolongar los actuales acuerdos de precios que ve

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